Devastador ataque en Tierra del Fuego
Una jauría de perros salvajes ha causado estragos en un pequeño establecimiento ganadero ubicado en la zona conocida como “Corazón de la Isla”, en Tierra del Fuego. Este ataque resultó en la muerte de 30 llamas que constituían la totalidad del plantel del Rancho El Paraíso, un emprendimiento de 300 hectáreas que busca desarrollar una actividad productiva enfocada en el turismo. «Desde hace tiempo enfrentamos problemas con los perros, pero esta situación ha sido especialmente grave. En invierno pasado, perdí 86 animales entre ovejas y corderos, además de llamas jóvenes. Las que sobrevivieron las llevé cerca de mi casa, pero ahora no hay más», lamentó Geovanni Rojas, responsable del rancho.
Consecuencias del aumento de perros asilvestrados
En Tierra del Fuego, la presencia de perros asilvestrados ha alterado el equilibrio ecosistémico, convirtiéndose en los principales depredadores tras la ausencia de pumas. Este fenómeno ha llevado al desplazamiento de especies como el zorro colorado, que se encuentra en peligro de extinción, y también afecta a guanacos y cauquenes, estos últimos víctimas de ataques por parte de estas jaurías habituadas a vivir sin contacto humano.
La tragedia de Rojas es parte de un patrón más amplio de ataques, similar al que ocurrió en la Escuela Agrotécnica de Río Grande, donde más de 100 ovejas fueron asesinadas y muchas más resultaron heridas gravemente. «Estoy contando mi experiencia, pero hay otras personas que no lo hacen. Es importante que la situación se visibilice, ya que el riesgo para las personas también ha aumentado, ya han existido ataques directos a personas», señaló Rojas, quien previamente había adquirido sus llamas en la histórica Estancia María Behety para fomentar la producción de lana y turismo.
El impacto en la producción local
Cuando Rojas se dirigía hacia Río Grande, a 120 km de su rancho, recibió un aviso sobre una llama herida. Al regresar, se encontró con un panorama desolador: «Era una masacre, todas las llamas estaban muertas. La pérdida fue total. Si hubiera tenido más animales, también los habrían matado». En la actualidad, sobrevive con solo 30 vacas (entre adultas y terneros), cuatro potrancas, cuatro caballos y un burro.
Para enfrentar la amenaza de los perros, Rojas ha cercado una hectárea alrededor de su casa y gallinero. «Una vez traje a un joven para ayudarme, pero un perro salvaje lo atacó y ya no quiso volver», recordó.
Rojas enfatizó que el problema no siempre se reporta. «Muchos no denuncian lo que perdieron. En charlas con colegas, me entero de otras pérdidas. La cantidad de perros asilvestrados es alarmante», agregó. Asimismo, afirmó que las autoridades no han tomado conciencia del riesgo que enfrentan los ganaderos en el campo, advirtiendo que el problema persistirá a menos que se visibilice.
Los recientes ataques no son hechos aislados, sino parte de un problema que afecta a la región desde hace décadas. Las manadas de perros asilvestrados han crecido considerablemente en la zona de transición ecológica entre el bosque subantártico y la estepa fueguina, impactando negativamente en la biodiversidad local y modificando los sistemas de producción. Datos científicos revelan que la superficie afectada por la presencia de perros asilvestrados en Tierra del Fuego destinada a producción animal ha crecido de un 2.5% en 1990 a un alarmante 69.3% en 2012-2013, según investigaciones del biólogo Emiliano Arona.
Rojas subrayó que el peligro trasciende el ámbito productivo. «Muchos transitan el campo para caminar o andar en bicicleta. La situación es complicada. Hay que erradicar a los perros, ya que se sienten amenazados y atacan. Es cuestión de tiempo que llegue el día en que ataquen a una persona, y será demasiado tarde para actuar». A pesar de la tragedia, Rojas no ha abandonado su proyecto. «Voy a seguir luchando para intentar conseguir más llamas», finalizó mientras organizaba sus recorridos por el campo, siempre con la incertidumbre de un nuevo ataque de los perros salvajes.











