Debate en torno al tratamiento del autismo
La evidencia científica juega un papel fundamental en los tratamientos médicos, y la ausencia de esta puede llevar a expectativas erróneas. Recientemente, han surgido en las redes sociales diversas propuestas para tratar el autismo que giran en torno -entre otras cuestiones- a cambios en la dieta de los pacientes. Estas sugerencias prometen, según sus defensores, una mejora en la calidad de vida de quienes padecen este trastorno.
Reacción de los expertos
Sin embargo, un grupo de expertos en autismo ha comenzado una campaña para expresar un rotundo “Basta” frente a lo que consideran la promoción de tratamientos carentes de respaldo científico. Gabriel Vinderola, investigador principal del Conicet y docente de la Universidad Nacional del Litoral, señala: «Soy químico analítico y comprendo cómo funcionan las cosas y cómo no. Es inaceptable que se dirijan a familias de niños con TEA (trastorno del espectro autista). Hay dispositivos que circulan, como un test epigenético del pelo. No hay forma de determinar, a partir de cuatro cabellos, si un niño tiene parásitos o sufre intoxicación por metales pesados.»
Mitos peligrosos
Vinderola explica que existe un mito persistente que sugiere que “los niños con TEA tienen más parásitos y metales pesados que otros”, algo que carece de evidencia. «Lo que me preocupa es que estos tratamientos sean recomendados por profesionales médicos y nutricionistas, muchos de ellos de renombre, que aparecen en programas de televisión. Cuando la recomendación proviene de personas así, no se cuestiona. Esto es gravísimo, y más preocupante aún es el silencio de las asociaciones de médicos y nutricionistas respecto a este tema.
Promociones engañosas
Un video en redes muestra a una supuesta experta explicando el procedimiento: «No es necesario que el niño asista, solo la madre debe traer un mechón de cabello para que lo analicemos. Hacemos pruebas para detectar SIBO, parásitos, neurotransmisores, vitaminas, y más. Esto nos ayuda a entender qué microorganismos afectan al niño en su desempeño. Se ofrece un protocolo natural adaptado a su dieta, así como tratamientos de homeopatía y desparasitantes. Todo esto se basa en un enfoque individualizado para desintoxicar.»
Crecimiento en la popularidad de tratamientos alternativos
Existe un Instagram de un laboratorio que se especializa en estos tests, donde promocionan su servicio con la frase: «epigenética para niños TEA y TDAH. Detectamos lo que afecta su desarrollo». Hasta la fecha, cuenta con 323 mil seguidores y sus publicaciones incluyen un equipo internacional de profesionales, ofreciendo la recolección de muestras en varios países, incluyendo Argentina, Estados Unidos, México, y más.
Uno de los mensajes de este laboratorio destaca: «El ADN de tu hijo no es una sentencia de vida. Gracias a la epigenética, ahora podemos identificar qué ‘agresores’ bloquean el desarrollo de tu pequeño y, lo más importante, qué nutrientes pueden ‘apagar’ la inflamación y ‘encender’ su potencial».
La campaña «Basta»
Ante esta situación, ha surgido la campaña “Basta”, impulsada por profesionales en autismo, donde se presentan sosteniendo un cartel que dice “Autismo. Tratamientos milagrosos”, con el objetivo de desmentir este tipo de anuncios. Vinderola menciona: «Esta iniciativa busca alertar sobre la proliferación de diagnósticos y tratamientos sin base científica que aprovechan la vulnerabilidad de las familias, haciendo que inviertan en opciones costosas sin resultados positivos».
Además, añade: «Particularmente me uní a la campaña para denunciar el uso de tests epigenéticos del cabello como diagnóstico de disbiosis intestinal o intoxicación por metales pesados en niños con TEA, que carece de cualquier rigor y validación científica.»
Aumento de la prevalencia del autismo
Todo esto ocurre en un contexto en el que el trastorno está en aumento, lo que lleva a más personas a buscar respuestas. A finales de marzo, siete ONGs presentaron un informe en la Facultad de Derecho de la UBA sobre el incremento de la prevalencia del autismo a nivel mundial, evidenciando un alarmante crecimiento en las últimas décadas: se pasó de uno de cada 150 niños en el año 2000 a uno de cada 31 en la actualidad, lo que representa un aumento del 400 por ciento.
En cuanto a su interacción con quienes defienden estos tratamientos, Vinderola comenta que ha intentado confrontar sus argumentos a través de su cuenta de Instagram, señalando: «No tienen cómo justificar lo que dicen. Después de unas pocas respuestas, terminan bloqueándome.»











