Un legado cinematográfico de Aristarain
La muerte de Adolfo Aristarain deja un vacío significativo en el mundo del cine argentino. Su mezcla de carácter cascarrabias y amable lo hacía una personalidad única, representando una verdadera rara avis dentro de la cinematografía del país. A inicios de los años ochenta, la revista Humor criticó su inclinación por el cine americano clásico, destacando en una entrevista sus elogios hacia Howard Hawks y Allan Dwan. Aunque la mención a Hawks se salvó debido a su obra Río Bravo, fue más severo el juicio hacia Dwan, cuyo cine era entonces considerado anatema.
La influencia del cine clásico
Hoy en día, es posible que muchos desconozcan quién fue Allan Dwan, director de la renombrada película sobre la Segunda Guerra Mundial, Arenas de Iwo Jima, que se caracteriza por su profundo enfoque en la tragedia humana. Sin embargo, Aristarain logró absorber las enseñanzas del Hollywood clásico, no solo de Dwan y Hawks, sino también de Alfred Hitchcock y de directores más modestos como William Beaudine, a quien rinde homenaje en La discoteca del amor. Su obra, incluyendo películas como La parte del león, Tiempo de revancha, y Últimos días de la víctima, está marcada por el suspenso eficaz y por elementos de cine de gánsteres, mostrando un trasfondo de aguda crítica social.
Metáforas de una época convulsa
Los films de Aristarain, además de su calidad artística, resuenan en un contexto histórico, ofreciendo una reflexión sobre la dictadura argentina de aquellos tiempos. Lo que distingue a su obra es un clasicismo que permite que las historias trasciendan su contexto inmediato. En sus películas, el diálogo mantiene un balance preciso; cada palabra tiene su peso, al igual que en el cine de Hawks. La humanidad de los personajes, como el asesino en Últimos días de la víctima, genera una profunda empatía en el espectador.
Un autor con múltiples facetas
Aristarain es un director considerado de izquierda, aunque sus films invitan a una reflexión más matizada sobre esas etiquetas. En Un lugar en el mundo y su contraparte más ligera La ley de la frontera, se manifiesta una épica escasa en el cine argentino. La culminación de la historia en el sacrificio y el fuego simboliza la lucha de un hombre al borde de un cambio vital, recordando la ambigüedad de la acción en filmes de John Ford.
El impacto de su cine
En las obras posteriores de Aristarain, como Martín (Hache), Lugares comunes y Roma, se aborda directamente la realidad argentina y sus crisis, explorando la complejidad de sus personajes. Las frases memorables de estas películas, que reflejan un profundo pesimismo sobre la situación del país, se entrelazan con narrativas cargadas de tragedia. La ambigüedad moral en la representación de la militancia política, como se plasma en Roma, permite que el espectador formule su propia interpretación, siguiendo la estela de los grandes clásicos. Es lamentable que la última película de Aristarain se haya estrenado hace 22 años, dejando un legado cinematográfico que perdurará, mientras que muchas de las obras contemporáneas se desvanecerán en el olvido.











