Fin de una Era: Ilie Ciocan
Ilie Ciocan, el veterano de la Segunda Guerra Mundial más longevo del mundo, falleció a los 112 años en Rumania. Reconocido también como el segundo hombre más viejo del planeta por registros de longevidad, en su país natal era considerado el más anciano de todos.
Un recorrido por su vida
Ciocan nació el 10 de junio de 1913 en Galicea, Rumania. Desde su infancia, fue testigo de importantes eventos históricos, comenzando con la Primera Guerra Mundial, en la que Rumania, inicialmente neutral, se unió a la Triple Entente. A raíz de este conflicto, Rumania logró obtener territorios como Transilvania.
La vida de Ciocan estuvo marcada por la tragedia desde muy joven: perdió a su padre a los 6 años y a su madre a los 12, lo cual lo sumió en la pobreza. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial fue un capítulo que vivió intensamente, formando parte del Ejército del Reino de Rumania.
Un soldado en acción
En 1941, cuando contaba con 27 años, fue enviado al frente, sirviendo en el 6º Regimiento de Artillería de Pitesti. A lo largo de su servicio, se desempeñó como artillero y mensajero, participando en campañas en Hungría, Checoslovaquia y el Frente del Don en Rusia.
Ciocan recordaba con claridad sus experiencias en el campo de batalla: «Pasé cuatro años en el frente, como artillero, pero nunca maté a nadie.» En una entrevista realizada hace cuatro años, rememoró un episodio donde logró derribar un avión enemigo mientras los demás disparaban.
Reconocimientos y legado
Además de ser el más anciano veterano de la Segunda Guerra Mundial, Ciocan estaba considerando ser parte del club de los superlongevos, ya que era el rumano más longevo registrado en la historia de su país. En la comparativa mundial, fue superado solo por el brasileño João Marinho Neto, quien tiene actualmente 113 años y 236 días. Sin embargo, existen disputas sobre la veracidad de las edades.
Hasta sus últimos días estuvo bajo el cuidado de sus nietos, con quienes compartía un profundo vínculo. Se mantenía activo hasta los 90 años, realizando actividades como andar en bicicleta. Los últimos años de su vida fueron desafiantes; aunque su vista se deterioró, su fe y buenos hábitos alimenticios lo ayudaron a preservar su salud.
Despedida
La familia de Ciocan recordó que, a pesar de perder la capacidad de ver claramente, seguía reconociendo a sus seres queridos a través del tacto. «Tocando nuestra ropa y nuestros rostros«, relató una de sus nietas.











