Desregulación en la industria automotriz
La industria automotriz global se encuentra en un proceso de transformación, y una de las decisiones más relevantes proviene de Estados Unidos. El presidente Donald Trump ha decidido revocar el conocido como «dictamen de peligro», una normativa en vigor desde 2009 que permitía al gobierno federal regular las emisiones contaminantes de los vehículos. Esta modificación podría resultar en la eliminación de tecnologías como el sistema Start/Stop, diseñado para disminuir el consumo de combustible y las emisiones dañinas.
Impacto del sistema Start/Stop
El sistema Start/Stop, que se encuentra en millones de automóviles modernos, apaga automáticamente el motor cuando el vehículo se detiene, por ejemplo, en un semáforo, y lo reinicia al reanudar la marcha. Este mecanismo fue implementado por los fabricantes en respuesta a las exigencias ambientales introducidas durante la presidencia de Barack Obama, bajo la supervisión de la Environmental Protection Agency (EPA).
Ahorros y beneficios potenciales
Según el gobierno de Estados Unidos, la eliminación de estas regulaciones podría reducir el costo de producción en hasta 2.400 dólares por vehículo, ahorro que eventualmente podría trasladarse a los consumidores. Desde la Casa Blanca defienden que la desregulación tiene como objetivo aumentar la competitividad del sector automotriz y abaratir el precio de los automóviles.
- La portavoz presidencial Karoline Leavitt declaró que esta decisión podría resultar en ahorros superiores al billón de dólares a largo plazo.
- También se busca abaratar el gasto en transporte y energía.
Reacciones de la industria y preocupaciones
Esta política llega en un contexto en el que empresas como Ford Motors y Stellantis han enfrentado severas inversiones para electrificar y adaptar sus tecnologías. Por otro lado, compañías como Volkswagen, Toyota Motor Corporation y Renault Group están reevaluando sus estrategias ante un mercado que avanza lentamente hacia la electrificación.
Sin embargo, la medida ha generado un intenso debate. Expertos en derecho ambiental, como Michael Gerrard de la Universidad de Columbia, advierten que esta flexibilización podría repercutir negativamente en la competitividad internacional de los automóviles estadounidenses, especialmente en mercados con regulaciones ambientales rígidas. Además, organizaciones ambientales critican esta decisión, argumentando que podría incrementar el consumo de combustible y las emisiones contaminantes, lo que afectaría la salud pública y el medio ambiente.
A pesar de las objeciones, la decisión de Trump evidencia un giro significativo en la política industrial estadounidense y puede acelerar el regreso de tecnologías más tradicionales en el sector automotriz, a la vez que redefine el balance entre costos, regulaciones y la transición hacia una movilidad más sostenible.











