Recordando a Alfredo Alcón
A más de una década de su fallecimiento, Alfredo Alcón sigue siendo un símbolo de calidad y maestría actoral en Argentina. Este talentoso hombre, nacido en Ciudadela, nos dejó el 11 de abril de 2014 a los 84 años, y es recordado por colegas y aficionados como uno de los mejores en su profesión.
Los inicios de su pasión
Su historia comienza el 3 de marzo de 1930 como hijo único de Elisa Riesco y Félix Alcón. A los tres años, sufrió la muerte de su padre, una experiencia que le marcó pero que nunca le gustó discutir. Relató que, a pesar de no haber ido al teatro en su infancia, encontraba deleite en disfrazarse con sábanas para actuar en la azotea de su hogar.
- Alfredo solía aprovechar la biblioteca de su padrino para leer obras de Shakespeare y se robaba libros para llevarlos a casa.
- A pesar de su difícil situación económica, su madre apoyó su deseo de actuar al inscribirlo en el Conservatorio de Arte Dramático.
Ascenso en la actuación
El inicio de su carrera fue por su notable voz, primero como locutor en radio, donde pronto participó en radionovelas y más tarde en la gran pantalla. Su debut cinematográfico fue en El amor nunca muere en 1955, luego de ser descubierto por el equipo del noticiero Sucesos Argentinos.
A través de los años, se destacó en el teatro, trabajando con figuras como Analía Gadé y participando en éxitos como La pícara soñadora en 1956. Su trayectoria incluiría otros proyectos significativos, entre ellos Hamlet (1964), que lo consolidó como un actor serio y respetado en el mundo teatral.
Un legado duradero
Con el tiempo, participó en diversas producciones cinematográficas aclamadas como Martín Fierro (1968), Los 7 locos (1973) y Pubis angelical (1982). Su habilidad para entretener al público se evidenció también con la comedia Cohen vs. Rosi en 1998, mostrando su versatilidad como actor.
A lo largo de su vida, enfrentó la censura política y las amenazas durante períodos difíciles, pero se mantuvo firme en su dignidad como artista. A su vez, disfrutó de exitosas colaboraciones en teatro y televisión con Adrián Suar y Pol-ka, donde realizó producciones exitosas como Vulnerables y Durmiendo con mi jefe.
Una figura modesta
A pesar de su estatus de celebridad, Alcón prefería llevar una vida privada, distanciándose de eventos sociales y evitando la egolatría. Se mostraba crítico de sí mismo, y su visión sobre la actuación nunca lo llevó a soñar con riquezas materiales. «No me interesa pensar en el dinero», afirmaba con sabiduría.
Despedida a un grande
Alfredo Alcón falleció rodeado de admiradores. Sus restos fueron velados en el Palacio del Congreso y posteriormente, el Teatro San Martín, que lleva su nombre, se convirtió en el escenario de su despedida final. Hoy, su legado sigue vivo en cada rincón de la actuación argentina.











