Una exhibición sin intermediarios
En BADA, un evento destacado en el ámbito artístico, aproximadamente 300 artistas tienen la oportunidad de exhibir y vender sus obras directamente, sin necesidad de intermediarios. Algunos artistas se presentan de manera individual, mientras que otros comparten un pequeño espacio con uno o dos colegas. Ellos mismos asumen la responsabilidad de colgar, explicar, conversar y vender sus trabajos a precios generalmente accesibles y razonables.
Una afluencia sin precedentes
Este año, BADA no solo se destacó por la diversidad de obras, que incluyen pintura, fotografía, cerámica, dibujo y arte que roza la artesanía sofisticada, sino también por la notable afluencia de público. En ciertos sectores, la masiva concurrencia dificultaba incluso el movimiento. Este aspecto, más allá de cualquier discusión estética, es sin duda un éxito rotundo. Resulta alentador observar a familias enteras, jóvenes y personas de todas las edades dedicando horas a apreciar el arte, especialmente en un contexto donde a menudo se menciona la desconexión entre el público y el arte contemporáneo, algo que BADA logra contrarrestar logrando captar a tanta gente.
Conversaciones cercanas y descubrimientos
Para los habituales visitantes de exposiciones, la vasta colección de obras puede ser un desafío abrumador. Sin embargo, también se presenta una situación particular: muchos artistas están dispuestos a mostrar su trabajo, conocer las opiniones de los visitantes y recibir comentarios sobre sus creaciones. Este intercambio puede volverse complicado cuando se trata de expresar la sinceridad sin desanimar a aquellos que están dando sus primeros pasos o que han invertido mucho esfuerzo en su arte. No obstante, esta intimidad también tiene un lado positivo, ya que fomenta charlas, entusiasmo y, en ocasiones, descubrimientos significativos.
Artistas destacados y nuevos hallazgos
Entre los artistas presentes, se encuentran nombres reconocidos como Sara Stewart Brown, Fabiana Barreda y el inconfundible Milo Lockett, quien continúa participando de manera auténtica en la feria, interactuando con el público y presentando su obra sin pretensiones. Sin embargo, lo más enriquecedor sigue siendo el descubrimiento de talentos desconocidos.
- Una de esas revelaciones es Sofía Lochícero, cuya pintura de una flor monumental evoca formas orgánicas y sensuales con un uso notable del color.
- Por otro lado, Majo Ríos Copelo transforma los saquitos de té en una obra abstracta que narra la historia de la vida cotidiana a través de texturas.
- La influencia de la naturaleza se encuentra también en Laura Cicka, cuya obra expresa la esencia del monte chaqueño usando una paleta sobria.
- Mientras que Cande Méndez Córdoba fusiona elementos de tradición oriental con un lenguaje contemporáneo en sus cerámicas.
- Finalmente, Nadina Villaverde aborda la forma humana desde un enfoque único, llevando el cuerpo a su esencia.
Un descubrimiento personal
Mención especial merece Bárbara Lanata, cuyas fotografías de paisajes urbanos, aunque bien compuestas, logran capturar perspectivas inesperadas, evitando la convencionalidad. Para mí, su trabajo fue uno de esos hallazgos que hacen que valga la pena el recorrido en esta feria.
Reflexiones finales sobre BADA
En última instancia, el valor de BADA no reside en que todas las obras sean excepcionales, ni en celebrar sin criterio todo lo que se presenta como arte. Su importancia radica en la circulación de personas, en el contacto directo y humano entre artistas y el público, y en la posibilidad de descubrir, entre una multitud de propuestas, aquellas obras y artistas que realmente capturan nuestra atención e interés por su futuro creativo.











