Un panorama inquietante para la clase media
La situación actual del trabajo y el consumo entre los argentinos que pertenecen a la clase media refleja un notable descontento económico. Actualmente, un 60% de las personas en este grupo social sienten que su empleo solo les permite sobrevivir sin posibilidades de crecimiento económico. Este fenómeno se deriva de un informe elaborado por la Fundación Pensar, un think tank vinculado al PRO. Se observa un cambio significativo en los comportamientos de consumo a partir del segundo semestre del año, donde se ha evidenciado un cambio drástico en los hábitos de compra.
La percepción de la realidad de compra se ha convertido en una causa de privaciones para muchos argentinos, donde comprar se ha vuelto un acto doloroso. Muchos han tenido que restringir ciertos servicios y actividades de rutina. En el último mes, el 63% de la población ha reducido gastos habituales, según el mencionado análisis.
Desafíos del consumo en la clase media
Ante la disminución de su poder adquisitivo, la opción de recurrir a segundas marcas se ha vuelto común, especialmente para aquellos que se identifican como clase media baja o clase baja alta.
- Un comportamiento aspiracional: La clase media tiende a buscar el avance.
- Consumo como símbolo de estatus: Las marcas comunican el estatus social sin necesidad de palabras.
En términos de política y comercio, este sector se caracteriza por una audacia crítica, exigiendo mantener un estilo de vida que consideran ‘razonable’, un concepto que influye en su sentido de bienestar. El informe señala que el 55% de los argentinos cree que la clase media se está reduciendo, mientras que solo 20% piensan que está creciendo.
¿Un futuro incierto?
La percepción de la clase media se ve reflejada en sus hábitos de consumo: quienes se identifican como tal han recortado en actividades de ocio (un 57%), compra de ropa (un 38%), y en productos de marcas reconocidas (un 26%), servicios de streaming (un 23%) y vacaciones (un 19%). Además, el informe advierte sobre el uso de tarjetas de crédito en estos segmentos, donde se reporta que el nivel de incumplimiento de pagos está en aumento.
En cuanto a los criterios para considerarse de clase media en Argentina, se establecieron ingresos de entre $2.000.000 y $6.500.000, lo que representa entre 2 y 5 canastas básicas. Según estos estándares, hay aproximadamente 7 millones de hogares en esta categoría, 8 millones en clase baja y menos de 1 millón en clase alta, a pesar de que 29 millones de argentinos se consideran parte de la clase media.
Un cambio en la identificación social
Desde hace dos décadas, ha disminuido el número de quienes se identifican como clase media. Actualmente, menos de 5 de cada 10 argentinos se asocian a este grupo, en comparación con 9 de cada 10 hace 20 años. Además, el 41% de la población cree que su situación económica es peor que la de sus padres, y solo el 27% siente que su situación ha mejorado.
Perspectivas de movilidad social
A pesar de que un 40% de los miembros de la clase media ha alcanzado un nivel educativo superior al de sus padres, sienten que no están experimentando un ascenso social. El informe concluye con una reflexión sobre la necesidad de que los mitos fundacionales de la nación, como la educación y el trabajo, sean realmente los pilares de la movilidad social en Argentina.
Mirada global a la clase media
A lo largo de las últimas décadas, diferentes países han enfrentado transformaciones en su estructura social, con la clase media como foco de atención. En China, la clase media ha crecido exponencialmente desde 1980 hasta superar los 400 millones de personas. En España, la crisis del 2008 afectó a su estabilidad, mientras que en Estados Unidos el “sueño americano” se ha debilitado, reduciendo su clase media al 52%. En Brasil y Chile, se han visto retrocesos en la clase media pese a que muchos se siguen identificando con ella. Por último, en Perú, el crecimiento de esta clase ha estado ligado a la disminución de la pobreza, aunque persiste la informalidad laboral, que obstaculiza su consolidación.











