El impacto del ejercicio físico en la salud cognitiva
Es ampliamente reconocido que la actividad física es fundamental para mantener una salud cognitiva adecuada. Sin embargo, un aspecto menos conocido es que el entrenamiento de fuerza podría desempeñar un papel crucial en la prevención de la demencia. Un reciente estudio publicado en la revista Alzheimer’s Dementia ha revelado los beneficios de preservar una buena función muscular en la tercera edad para proteger el cerebro del deterioro cognitivo.
La función del músculo más allá del movimiento
Según el geriatra español Miguel Germán Borda, quien encabezó la investigación junto a expertos del King’s College de Londres y del Instituto Karolinska en Suecia, el músculo no solo es vital para el movimiento, lo que es esencial para un envejecimiento saludable, sino que también actúa como un órgano endocrino. Este órgano genera sustancias, en especial durante el ejercicio, que son comparables a las que produce el páncreas o las tiroides. Estas sustancias, conocidas como mioquinas, tienen un impacto significativo en diversos órganos, especialmente en el cerebro.
Reducción de la inflamación y protección cerebral
Las mioquinas y otra sustancia liberada, las exerquinas, juegan un papel importante en la reducción de la inflamación. Esta inflamación crónica es dañina, provocando lesiones en los tejidos y la muerte neuronal. En este contexto, el ejercicio de fuerza aumenta la producción de sustancias antiinflamatorias, lo que protege las neuronas y mejora el flujo sanguíneo cerebral.
Estimulación de nuevas neuronas
El entrenamiento de fuerza también favorece la formación de nuevas neuronas, especialmente en áreas críticas para la memoria, como el hipocampo. Borda menciona el papel del BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) en este proceso, el cual es estimulado por señales provenientes del músculo durante la actividad física. Este factor es esencial para el crecimiento y la creación de nuevas conexiones neuronales.
Resultados del estudio
Los investigadores analizaron informaciones de 583 personas de entre 60 a 77 años, todas sin deterioro cognitivo pero con riesgo elevado de desarrollarlo debido a factores como problemas cardiovasculares o sedentarismo. Los resultados mostraron que quienes tenían mayor fuerza muscular y mejor rendimiento físico mostraron una evolución cognitiva más positiva en el transcurso de dos años. Se observó una mejora especialmente en áreas como la memoria y las funciones ejecutivas, que son fundamentales para el funcionamiento mental diario.
La importancia del tipo de ejercicio
La clave radica en realizar un tipo de ejercicio que combine actividades aeróbicas, como caminar o subir escaleras, con entrenamiento de fuerza. Borda destaca que esta última modalidad es la que menos se practica entre las personas mayores, a pesar de ser vital para estimular el crecimiento muscular.
El especialista advierte que no es suficiente con moverse esporádicamente; establecer rutinas de al menos una hora de caminata tres veces por semana, sumadas a ejercicios de fuerza, es crucial. A pesar de las creencias de muchos ancianos sobre que el ejercicio de fuerza es solo para jóvenes, es fundamental recordar que, aunque caminar es beneficioso, no basta por sí solo para mantener la musculatura.











