Descubriendo el nardo en el puesto de flores
El puesto de flores de la estación abre sus puertas temprano por la mañana. En la vereda, el florista coloca grandes baldes blancos llenos de agua y organiza paquetes con flores frescas que ha traído del mercado. Además, monta una especie de grada con ramos ya armados. A veces opto por uno de esos ramos combinados y otras veces elijo las flores individualmente. Siempre pido flores blancas, señalando con el dedo, a menos que recuerde sus nombres. Como somos casi vecinos y supongo que le caigo bien, el señor suele incluir alguna flor extra como cortesía.
Recientemente, me regaló una larga vara de nardo cuando fui en la tarde, justo antes del cierre. Debido a la escasez, elegí un ramo prearmado con la promesa de regresar durante la semana. Al regresar a casa, fui inhalando el perfume de los nardos, con su fragancia dulce y compleja que engaña los sentidos, creando la ilusión de que varias flores están presentes al mismo tiempo.
Características del nardo
Los aromas me recuerdan a perfumes de mi adolescencia, pero al abrir los ojos, solo veo este tallo notoriamente largo con flores blancas en forma de estrellas de cinco pétalos. A pesar de su nombre científico, Polianthes tuberosa, no se asemeja a una rosa, sino más bien a un espárrago gigante, compartiendo familia con esta verdura. Su perfume es tan intenso que llena el ambiente en cuanto uno entra. Puse la vara en un florero solo para ella; no necesita más competencia.
Un toque de historia
En la época victoriana, el nardo era tan atractivo que se advertía a las jóvenes sobre su fragancia nocturna, para evitar que una inhalación accidental provocara deseos peligrosos. He investigado numerosas ilustraciones de nardos en el arte y casi de inmediato pensé en «La primavera» de Sandro Botticelli. Este cuadro botánico presenta al menos 138 especies y más de 500 flores individuales.
La escena muestra un jardín de medianoche donde se puede observar un ritual pagano de fertilidad que involucra a Venus, donde una ninfa exhala flores mientras se transforma en una Flora vestida. Sin embargo, a pesar de la riqueza floral del cuadro, los nardos no están presentes. Su ausencia se debe a que el nardo es originario de México y fue introducido en Europa en el siglo XVII.
La seducción del nardo
Para muchos, el nardo es la expresión más sensual de la perfumería, simbolizando la inocencia y al mismo tiempo, un aura peligrosa. A pesar de su poesía, su esencia se basa en la química. Al igual que el jazmín, el aroma del nardo contiene indol, una molécula que en bajas concentraciones resulta gloriosa, mientras que en altas, evoca olores menos agradables. Escritores y perfumistas consideran que este sutil aroma de descomposición es lo que le otorga su carácter erótico.
No es sorprendente que la reina María Antonieta tuviera nardos en su jardín, combinándolos en la fragancia Parfum de Trianon, diseñada por su perfumista Jean-Louis Fargeon. La misma leyenda cuenta que la famosa actriz Marlene Dietrich era tal admiradora del nardo que llegó a comerla. El primer perfume moderno que utilizó esta fragancia afrodisíaca fue Fracas de Robert Piguet, lanzado en 1948, un aroma que recuerda de mi adolescencia, quizás porque alguna amiga se lo robó a su madre.
La despedida del verano
A medida que el otoño se aproxima, las temperaturas y mi ánimo lo confirman. Es difícil decir adiós al verano. Después de varios días en su florero, la vara de nardo ha comenzado a perder sus pétalos, los cuales se acumulan en la mesa, pero su perfume persiste casi hasta el último suspiro. Mi desilusión continúa al pensar que en un cuadro titulado La primavera no se haya representado la fragancia de los nardos.











