De la necesidad a la creación
Una historia de superación y emprendimiento se dibuja en la trayectoria de Sebastián Antich y Nery Aimale, dos argentinos que han transicionado desde lavar ropa en el microcentro de Buenos Aires a construir un hotel de lujo en la Patagonia. A pesar de que los expertos en real estate continúan dominando el sector, muchos nuevos jugadores están irrumpiendo, aprovechando oportunidades y adaptándose a las modas del mercado.
Un inicio inesperado
Su primer emprendimiento nació en Barcelona, España, más por necesidad que por estrategia. Al llegar a estudiar, se encontraron con las limitaciones de su visa de estudiante que no les permitía trabajar. Para poder pagar el alquiler, subalquilaron cuatro habitaciones de su departamento. “Viendo que funcionaba, empezamos a hacer lo mismo con otros departamentos”, cuentan.
Al regresar a Argentina para casarse, la pareja tuvo una revelación: “La oportunidad estaba en Buenos Aires”. Aunque su negocio en España continuaba, las nuevas regulaciones para combatir los alquileres temporales complicaban la situación. “En Barcelona estaba cada vez más complicado y acá, cada vez más fácil”. Así, en 2019, decidieron establecerse de forma definitiva en Buenos Aires y su negocio dio un gran salto: “Llegamos a administrar más de 80 departamentos”.
Reinvención en tiempos difíciles
Con un creciente número de solicitudes, se encontraron ante un desafío logístico: “Lavábamos las sábanas de todas las unidades en casa, no daba para más”, recuerdan. Para continuar su expansión, decidieron invertir en un local de dos pisos: uno para un lavadero y otro para la administración. Pero el día de la inauguración, la cuarentena fue decretada. “Invertimos todos nuestros ahorros y nos quedamos con cero ingresos”, relata Nery.
En vez de rendirse, decidieron transformar las máquinas de lavado industriales en un negocio abierto al público, creando un lavadero que sirvió a los vecinos durante la pandemia, lo que les permitió sobrevivir. Sin embargo, esto no representaba su verdadero sueño.
Una nueva dirección: la gastronomía
Con la relajación de las restricciones, idearon abrir un restaurante. Así pasaron, en pocos años, de ser expertos en hospedaje temporal a aventurarse en el mundo de la gastronomía. Ubicaron la cocina en el sótano y colocaron mesas en la vereda, convocando a chefs reconocidos para ofrecer una experiencia culinaria única con menú cerrado y maridaje de vino, naciendo así Bocaabajo.bocaarriba. Las lavadoras se transformaron en un sello distintivo del local y muchos comensales, incluidas figuras como Tini Stoessel, se fotografiaron junto a ellas.
Desafíos en el sector inmobiliario
A pesar de mantener su sueño inmobiliario, se dieron cuenta de que el mercado de alquileres turísticos estaba en descenso. “La economía y el negocio de los Airbnb se empezó a complicar, bajaron los precios. La nueva ley de alquileres ha sido nefasta”, apuntan. En sus viajes por el interior del país, encontraron nuevas oportunidades de negocio, detectando que resorts en Mendoza costaban significativamente más que en Buenos Aires.
Un proyecto hotelero en Villa La Angostura
Su búsqueda los llevó a descubrir Villa La Angostura en la Patagonia, un destino privilegiado en el lago Nahuel Huapi. Decidieron desarrollar un hotel con una distintiva forma de serpiente, buscando que la arquitectura se integrara al entorno. Seleccionaron un terreno de 3739 m² en el barrio Calfuco, rodeado de bosque nativo. “El primer terreno que fuimos a ver nos enamoró”, aseguran.
Junto a los estudios de arquitectura Del Puerto Sardin y Berson, han diseñado una edificación sustentable en zigzag que refleja “un animal que se va metiendo en el bosque esquivando árboles”. La apertura del Hotel UMA será progresiva, comenzando en 2026 con el restaurante, el spa y cinco habitaciones, para luego expandirse en fases y estar completamente operativo para el verano de 2028.











