Una serie de crímenes en el mundo del narcotráfico
La situación se ha tornado alarmante con la guerra entre bandas de narcotraficantes uruguayos en Argentina, un conflicto que ha dejado un saldo trágico de dos asesinatos y un sicario que opera sin piedad. En octubre de 2024, el uruguayo Javier Sturm Jardón, de 42 años, expresó a un amigo su preocupación por su seguridad tras haber sido amenazado tras el asesinato de su colega Marcelo González Algerini en Pilar.
González Algerini, conocido como «Pinocho», fue acribillado con nueve disparos apenas dos días antes de que Sturm Jardón recibiera las amenazas. Ambos habían estado involucrados en un robo donde se habían llevado una significativa cantidad de drogas y dinero de otro uruguayo vinculado a bandas criminales. Esta cuenta pendiente condujo a la venganza.
Ajustes de cuentas y un sicario fugado
El 12 de diciembre de 2024, Sturm Jardón fue abatido mientras se dirigía a su edificio en Recoleta, cuando un individuo disfrazado con una peluca le disparó siete veces. Se encontró una pistola Glock de 9 milímetros, que había sido utilizada en ambos asesinatos, demostrando que se trataba de un claro ajuste de cuentas en el narcotráfico.
González Algerini estaba en fuga relacionado con el secuestro de 785 kilos de cocaína en Neuquén y su celular contenía evidencias que lo vinculan con otras operaciones ilegales. El sicario, identificado como Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar, de 32 años, había escapado de una prisión en Montevideo y usaba un DNI falso. Tras ser capturado en Brasil, fue extraditado a Argentina y enfrenta múltiples cargos judiciales.
El auge de bandas narcos uruguayas en Argentina
La serie de asesinatos comenzó el 25 de septiembre de 2024, cuando un incidente armado que involucró a Joaquín Andrés Amoros Sanguinetti, un joven uruguayo, dejó claro que la violencia del narcotráfico estaba en ascenso. A pesar de que la versión oficial hablaba de un intento de robo, se considera que el objetivo era eliminar a la víctima. Según las autoridades, estos crímenes están interconectados, todos relacionados con un conflicto por un robo que involucró mercadería perteneciente a un tercero, que había contratado al sicario para llevar a cabo la venganza.
El caso de Caraballo Escobar resalta un fenómeno preocupante en la región: la creciente actividad de bandas narcotraficantes uruguayas en suelo argentino. Con figuras como el narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, buscado por su prometedora trayectoria delictiva y con una recompensa de doscientos mil dólares por parte de autoridades estadounidenses, esta realidad solo parece estar comenzando.











