El nacimiento de Fortaleza: un clown de hospital
Vanina Sánchez, una aspirante a payaso de hospital, describe a su alter ego, Fortaleza, como una clown alegre pero también insegura. Su vocación por asistir a los demás se refleja en su formación como psicóloga especializada en niños y adolescentes, seguida por su capacitación como coach ontológica. Sin embargo, su deseo de explorar algo nuevo la llevó a descubrir el mundo del clown hospitalario tras ver un video en redes sociales donde niños en hospitales reían y jugaban. «Sentí un flechazo instantáneo, en cuestión de segundos todo me cerraba», comenta.
El inicio de un viaje
Vanina decidió inscribirse en un seminario de introducción al clown de hospital. La experiencia, dirigida por las fundadoras de Alegría Intensiva, fue tan impactante que se inscribió de inmediato en la ONG para recibir una formación más profunda. «Aprendí a vincularme con el juego y mi infancia. Me encontré con esa niña que tengo adentro», revela.
El rol del payaso de hospital
El trabajo de estos payasos va más allá de lo que realizan otras organizaciones; su misión es llevar alegría, reducir el miedo y facilitar el proceso de curación en niños, adolescentes y sus familias. Alegría Intensiva, pionera en este ámbito en Argentina, nació hace 17 años en el Hospital Garraham, inicialmente con cinco payasos, y ha crecido a 25 artistas permanentes y 80 alumnos en su Centro de Formación.
Un programa de formación único
La formación de los aspirantes incluye prácticas tras cuatro años de estudio, en el que aprenden el lenguaje de la transformación de la realidad y del juego, que es el mismo que utilizan los niños. Los payasos realizan visitas dos veces a la semana a hospitales, donde interactúan sin un guion preparado, enfocándose en el momento presente para fomentar la improvisación y el juego.
Una experiencia transformadora
Sánchez tuvo su primera práctica en un hospital y, con mucha emoción, presentó a Fortaleza. Reconoce que el proceso para llegar a ese momento no fue fácil, mencionando la importancia simbólica del acto de recibir su nariz de payaso, lo cual marca el reconocimiento de su alter ego. La diversión y el aprendizaje, asegura, sucedieron ya durante el entrenamiento prévio, donde compartieron risas y apoyo mutuo.
Ejemplos como el de su profesora, Romina Amato, quien les pidió hablarle a su niño interior, ayudaron a la cohesión del grupo.
El impacto del clown en el hospital
Vestida con una larga pollera de lunares y flores amarillas y con su nariz roja, Fortaleza se lanzó al mundo. Junto a Amato, experimentó la magia de ser clown, logrando sonrisas en el ambiente hospitalario. «Callé a Vanina y me conecté con disfrutar del juego con los chicos», comparte, destacando que no se permitió caer en pensamientos negativos. La formación para convertirse en payaso de hospital no requiere conocimientos previos en clown, sino que el proceso de aprendizaje se extiende por cuatro años, concluyendo con prácticas profesionales.











