Introducción al Miércoles de Ceniza
La conclusión del Carnaval marca el comienzo de una fecha significativa para los católicos: el Miércoles de Ceniza. Este día, que de manera indefectible precede a la Cuaresma, invita a la reflexión y al arrepentimiento en la comunidad cristiana.
Inicio de la Cuaresma
El Miércoles de Ceniza representa el primer día de los cuarenta días que preceden a la Pascua, un periodo caracterizado por la penitencia y la renovación espiritual. En 2026, esta jornada será el 18 de febrero, aunque la fecha varía cada año. Esta celebración tiene como objetivo preparar a los fieles para la festividad de la Pascua.
Rituales y prácticas en este día especial
Durante el Miércoles de Ceniza, los católicos se dedican al ayuno y a la abstinencia de carne, dado que es considerado un tiempo sagrado de reflexión. En la misa de esta jornada, se realiza la bendición de las cenizas, que provienen de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.
Algunas de las frases que el sacerdote pronuncia al imponer las cenizas en la frente de los creyentes son: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”. Este ritual simboliza humildad y es un recordatorio de la fragilidad de la vida, así como de la necesidad de la misericordia divina.
Obligaciones del ayuno y la abstinencia
El ayuno es obligatorio para los creyentes de entre 18 y 60 años, mientras que para aquellos fuera de este rango, su práctica es opcional. Este consiste en realizar una sola comida completa al día, o dos comidas más ligeras que no sumen la cantidad de una comida completa.
La abstinencia de carne comienza a los 14 años de edad y se mantiene durante todos los viernes de Cuaresma. Este periodo, que inicia en el Miércoles de Ceniza, se basa en el simbolismo del número 40, presente en diversas narrativas bíblicas como los 40 días del diluvio, los 40 años de itinerancia del pueblo judío por el desierto, o los 40 días que Jesús pasó en el desierto.
La Cuaresma es un tiempo que invita a los fieles a renovar su alianza bautismal y a profundizar su fidelidad a la palabra de Dios.











