Un sueño que germinó en 2010
En el año 2010, Oscar Velasco Imbaud regresó de Costa Rica con cinco semillas de café en su bolsillo y una aspiración que en un principio parecía irracional: crear un café reconocido mundialmente, cultivado en las yungas tucumanas. Su objetivo era generar una economía regional basada en un producto que hasta aquel momento se importaba casi por completo.
El primer café argentino con sello de origen
Dieciséis años después, esa visión se ha convertido en una realidad histórica. Argentina ya cuenta con su primer café con sello nacional, que ha sido cultivado, cosechado y procesado en su totalidad en el territorio tucumano. Este logro es el resultado de una colaboración entre Cabrales S.A., una compañía líder en el sector con más de 84 años de experiencia, y el Gobierno de Tucumán, a través del IDEP (Instituto de Desarrollo Productivo).
El café ha obtenido la certificación de Mumac Academy, una entidad reconocida en el ámbito de la cultura cafetera, que ha validado sus cualidades sensoriales, las cuales incluyen un cuerpo equilibrado, un aroma persistente y una identidad característica derivada del terroir subtropical de las yungas.
Preguntas sobre el futuro económico
Juan Casañas, vicepresidente del IDEP y uno de los impulsores del proyecto, se cuestiona: «¿Cómo sería la economía de Tucumán si hay 250 millones de dólares que se quedan dando vueltas en la provincia?» Esta interrogante no es meramente retórica; actualmente, Argentina gasta aproximadamente 500 millones de dólares al año en importaciones de café, principalmente desde Brasil, Colombia y Vietnam. Cada taza que se consume en el país proviene del exterior.
Casañas subraya que los avances agronómicos son optimistas y sugieren un futuro prometedor para el café como un cultivo intensivo en mano de obra. Durante una reunión con Martín Cabrales, se degustaron cuatro variedades de café tucumano, y las reacciones fueron muy positivas.
Martín Cabrales, presidente de Cabrales S.A., afirmó: «Hemos demostrado que el suelo argentino, con el cuidado y la técnica adecuada, puede darnos un café de excelencia que no tiene nada que envidiarle a los grandes orígenes del mundo».
Características distintivas del café tucumano
Para entender por qué este café destaca, es relevante escuchar a Margarita Jaramillo, ingeniera agrónoma especialista en café y docente de la Universidad de Tucumán, quien es originaria de Colombia. Ella destaca que en Tucumán se cultiva un café de alta calidad, especialmente la variedad Bourbon, que se adapta a las condiciones locales. Uno de los aspectos fundamentales es el manejo del sotobosque: las plantas, protegidas por el bosque nativo, reciben las cuatro horas de luz solar necesarias, a diferencia de lo que ocurre en Brasil o Colombia, donde el cultivo se realiza a cielo abierto.
Otro valor agregado que aprecian los mercados más exigentes es la cosecha manual. Jaramillo sostiene: «El café es cultura y la cosecha manual ya implica un valor añadido por sí misma».
Tendencias globales en la caficultura
El café de Tucumán no surge de un contexto aislado, sino que forma parte de una tendencia global que está reajustando el mapa de la producción de café. El cambio climático está ampliando las áreas adecuadas para el cultivo hacia nuevas regiones, como Florida y ciertos sectores de Australia, que también están explorando sus propias variedades de granos.
Las yungas del pedemonte tucumano, con su clima subtropical y cobertura forestal, son ideales para este nuevo paradigma productivo. Además, hay un contexto de precios sin precedentes; el café se vende a sus niveles más altos en casi 30 años, llegando a picos que superan los tres dólares por libra. Esto convierte a la producción local en una estrategia económica, no solo para reemplazar importaciones, sino también para aspirar a un mercado de especialidad que paga bien por la trazabilidad y el origen del producto.
Un inicio inspirador
La historia de este café tiene un sabor singular. Velasco Imbaud, a sus 76 años, germinó tres de sus cinco semillas costarricenses y comenzó a cultivar en Yerba Buena, recordando a su abuelo, quien había plantado café en esa región en la década de 1920. Durante un asado, el pionero de este proyecto ofreció la oportunidad de probar «su café tucumano», lo que impresionó a Casañas, quien desde el IDEP promovió un relevamiento que identificó a productores distribuidos por toda la provincia. Así nació el clúster conformado por más de una veintena de productores, actores industriales y organismos técnicos como INTA y la Universidad Nacional de Tucumán.
Hoy, este entramado se fortalece con la participación de Cabrales, que brinda su experiencia para apoyar a pequeños y medianos productores. El acuerdo firmado en 2025 incluye capacitación, intercambio de información e investigación para garantizar la calidad acorde a los estándares del mercado global.
De cinco semillas a 8,000 hectáreas potenciales, Tucumán no solo ha logrado tener el primer café con sello argentino, sino que también está en el inicio de una historia emocionante que aún está por desarrollarse.











