El valor de la ortografía en la comunicación
En una era dominada por la urgencia, podría parecer que la ortografía ha perdido su relevancia, sin embargo, redactar de manera adecuada y sin errores siempre aporta beneficios en diversas áreas. En el ámbito laboral, escribir correctamente refleja las habilidades y conocimientos de una persona, además de ayudar a forjar una imagen positiva que puede hacerte lucir más profesional y confiable. Los errores ortográficos y de sintaxis, por el contrario, pueden generar una percepción negativa, sugiriendo descuido o falta de preparación.
Asimismo, la capacidad de elaborar un texto bien estructurado también refleja la personalidad de quien lo escribe, evidenciando el interés por establecer una comunicación efectiva con los demás. Aunque dominar la redacción no es fácil y requiere práctica, el hábito de la lectura puede ser un recurso valioso para enriquecer el léxico.
La labor de la RAE y Fundéu
En este contexto, la Real Academia Española (RAE) se constituye como la más importante institución dedicada a la regulación del idioma, promoviendo normas para fortalecer la unidad lingüística entre los hispanohablantes. Por su parte, la Fundación del Español Urgente (Fundéu), una organización sin fines de lucro, tiene el objetivo de fomentar el uso adecuado del español en los medios de comunicación. En su sitio web, ofrece constantemente recomendaciones para ayudar a los ciudadanos a resolver sus dudas sobre la escritura correcta de palabras y expresiones.
El uso adecuado del verbo reforestar
Un aspecto a tener presente es el uso del verbo reforestar, que se refiere a la acción de repoblar terrenos o áreas, no a los árboles en sí. No obstante, en diversos medios pueden encontrarse afirmaciones como: «Cuautitlán Izcalli logra reforestar más de 7000 árboles en 56 zonas estratégicas del municipio«, «Sedea busca reforestar 500,000 árboles en 2026» o «Proyectan reforestar alrededor de 4500 árboles en espacios públicos«. Según el Diccionario de la lengua española, reforestar significa ‘repoblar un terreno con plantas forestales’, es decir, lo que realmente se reforesta es un área, no los árboles. Por lo tanto, es más adecuado expresar que se reforesta una zona (con árboles).
Alternativamente, se puede usar el término plantar o replantar, dependiendo del contexto. Así, en los ejemplos previos, lo correcto sería redactar: «Cuautitlán Izcalli logra reforestar 56 zonas estratégicas del municipio con más de 7000 árboles«, «Sedea busca plantar 500,000 árboles en 2026» y «Proyectan plantar alrededor de 4500 árboles en espacios públicos«.
La RAE a lo largo de la historia
Establecida en Madrid en 1713 por iniciativa del marqués de Villena, Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, la RAE tiene como misión preservar el buen uso del español y asegurar la unidad de un idioma en constante evolución. Sus estatutos más recientes, actualizados en 1993, declaran que su función principal es «velar por que la lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad».
Este compromiso se manifiesta en la política lingüística panhispánica, que es compartida con las otras 22 academias que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), creada en México en 1951. En la actualidad, la institución cuenta con 46 académicos, incluidos el director y otros miembros de la Junta de Gobierno, todos elegidos para mandatos temporales.
Entre las críticas que recibe la RAE se encuentra su resistencia a incorporar términos que han surgido entre las generaciones más jóvenes, especialmente debido al auge de las redes sociales. Una controversia reciente es el tratamiento del lenguaje inclusivo. Sin embargo, en 2020, la RAE lanzó el Observatorio de Palabras, un repositorio digital que proporciona información sobre términos o acepciones que no están aún en el Diccionario de la lengua española (DLE), pero que generan dudas sobre su uso, como neologismos, extranjerismos, tecnicismos y regionalismos. La información de este observatorio es provisional y está sujeta a cambios con el tiempo, sin que ello implique una aceptación formal de su uso.











