Una fuga inesperada
Un inquietante incidente ocurrió en la Penitenciaría Nacional, establecida en lo que hoy es el Parque Las Heras en Palermo, donde ocho presos lograron fugarse antes de su traslado a la temida prisión de Ushuaia. Este penal, que abrió sus puertas el 28 de mayo de 1877, era conocido por albergar a individuos con condenas severas y penas de reclusión indeterminada, lo que generaba un ambiente sumamente aterrador para los convictos.
El proceso de traslado y las condiciones del penal
Por lo general, los traslados a Ushuaia se comunicaban durante la cena, lo que dejaba a los presos con poco tiempo para aprehender la noticia y organizar sus pertenencias. Eran sometidos a registros y encadenados con grilletes que les limitaban el movimiento. Luego eran trasladados en vehículos a la costa, donde se los embarcaba en buques de la Armada, pasando un mes en el mar bajo condiciones inhumanas, hacinados junto a la carga y forzados a usar latas para necesidades.
Una vez en Ushuaia, la prisión, que operaba desde 1902, consistía en cinco pabellones con un total de 380 celdas, donde muchos reclusos vivían amontonados debido al auge en la población carcelaria. La prisión se caracterizaba por su frío extremo, la brutalidad de los guardias y la mala alimentación, convirtiéndola en un verdadero infierno.
Los acontecimientos de la noche del 9 de enero de 1925
La noche del 9 de enero de 1925 se llevó a cabo un nuevo traslado. Sin embargo, en lugar de embarcar a los presos en un buque militar como de costumbre, se decidió que fueran enviados en el Buenos Aires, un vapor destinado a transporte de pasajeros. Cuando 103 prisioneros abordaron el barco, había una gran cantidad de gente despidiendo a sus seres queridos. A media hora del despegue, un tiroteo se desató. Dos hombres forcejeaban y uno de ellos clamaba que el otro era un prisionero en fuga.
La confusión aumentó cuando cinco reos, armados con cuchillos, saltaron al muelle y comenzaron a dispersarse, provocando escenas de caos y pánico generalizado.
Las identidades de los fugados
Muchos se preguntan cómo lograron desprenderse de los grilletes, pero algunos guardias de antaño mencionan a Ricardo Braasch, condenado a prisión perpetua, como el ingeniero de la fuga. Los otros reos que lograron alcanzar tierra fueron:
- Amus Pedro Axelsen – reclusión perpetua
- Roque Saccomano – 25 años
- Fernando Sotomayor – 10 años
- Emilio Segales – 15 años
- Alfredo Suárez Leiva – 6 años
- Saverio Chimera – 2 años
- Pablo Goupon – 2 años
El suceso rápidamente captó la atención de los medios, en parte por la notoriedad de Sacomano, quien había sido sentenciado por el homicidio de Elvira Silvia Salas, una joven de 21 años.
La cacería policial y el desenlace
El puerto se llenó de agentes de la ley y el almirante Manuel Domecq García, ministro de Marina, se hizo presente en el lugar. Durante las redadas subsiguientes, un ladrón implicó a Sacomano, quien, a pesar de tener una coartada, fue condenado por el crimen. La búsqueda de los fugitivos condujo a la captura de algunos en el área metropolitana, incluyendo a Pablo Groupón, quien fue encontrado en Avellaneda.
Finalmente, todos los reos recapturados fueron devueltos a la Penitenciaría de Las Heras, donde se les impuso nuevamente la reclusión con grilletes, esperando su tormentosa expectativa en la cárcel de Ushuaia.











