Una iniciativa contra la desertificación
La deforestación masiva que afecta a bosques y selvas a nivel global provoca un incremento en las temperaturas y una degradación del suelo que facilita la expansión de desiertos y áreas áridas. Para combatir esta problemática en la franja verde de África, once naciones se han unido en un esfuerzo por crear una muralla natural compuesta por árboles, extendiéndose desde el este hasta el oeste del continente, con el fin de prevenir el avance del desierto del Sahara hacia el sur.
El proyecto de la Gran Muralla Verde
Conocido como la Gran Muralla Verde, este ambicioso proyecto abarca una distancia de 8000 kilómetros que conecta Yibuti y Senegal, habiendo comenzado su implementación en el año 2007. En 2021, durante la cumbre de París, la Unión Europea, el Banco Mundial y la Unión Africana se comprometieron a destinar 14 millones de dólares para acelerar la reforestación. La meta es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes para el año 2030.
Este esfuerzo busca no solo detener la desertificación, sino también permitir que las comunidades agrícolas continúen produciendo alimentos en suelos fértiles. Si se cumplen los objetivos dentro de cuatro años, el impacto será considerable:
- Recuperar tierras cultivables.
- Brindar oportunidades económicas a la población joven.
- Asegurar la seguridad alimentaria para millones de personas que sufren hambre.
- Mejorar la resiliencia climática en una región afectada por el aumento acelerado de las temperaturas.
Avances y desafíos en la implementación
La Unión Africana destacó que, hasta el momento, solo se ha completado un 18% de la Gran Muralla Verde. Sin embargo, algunos países como Etiopía han logrado recuperar hasta 15 millones de hectáreas aplicando técnicas efectivas, como cuidar y podar árboles que crecen de manera natural y prevenir la deforestación ilegal, ayudando a que estos árboles sean más resistentes a la sequía. En Senegal, se han plantado 12 millones de árboles y Nigeria ha rehabilitado cinco millones de hectáreas en su frontera norte, lo que ha permitido a los agricultores mantener su producción durante más tiempo.
El informe de la ONU señala que la región que separa el desierto del Sahara de la sabana africana se está secando rápidamente, lo que ha provocado un aumento de las temperaturas de 1.5 °C, superando el promedio global en un siglo, lo que ha ocasionado que la desertificación avance entre 45 y 60 centímetros anualmente. Si esta situación no se revierte, se estima que para 2050, cerca de 250 millones de personas podrían verse forzadas a abandonar sus hogares en busca de mejores condiciones de vida.
La realidad del proyecto, sin embargo, ha sido preocupante. Después de 18 años desde su inicio, la Agencia de Noticias NPR informa que la implementación ha resultado en un número limitado de hectáreas plantadas. Gran parte de los fondos destinados por diversas organizaciones internacionales ha sido mal administrada, lo que ha llevado a la corrupción y a la inestabilidad política, incluyendo golpes de Estado.
La situación actual y el futuro del proyecto
Actualmente, más de 135 millones de personas en la región dependen de tierras degradadas para subsistir. La inseguridad alimentaria, la migración, el aumento de la violencia y los conflictos por recursos han ido en aumento. A pesar de los anuncios optimistas sobre el impacto de la Gran Muralla Verde, los resultados han sido sobradamente modestos, y muchas comunidades enfrentan la muerte de las plantas debido a la falta de recursos, como bombas de agua y apoyo para mantener sistemas de riego. Esto ha creado un efecto dominó que afecta la vida de millones de familias, quienes están en una situación crítica.
Aunque el presupuesto inicial del proyecto sumó 31 mil millones de dólares, un fondo esencial para combatir el cambio climático y preservar vidas y ecosistemas, esta enorme inversión no se ha traducido en resultados tangibles.











