Un trágico suceso nocturno
A las primeras horas de la mañana, Diego Leal, de 49 años, recibió una llamada que cambiaría su vida para siempre. Desde el otro lado del teléfono, una voz conocida le suplicó que regresara rápidamente. Su hijo, Juan Cruz Leal, de apenas 21 años, había sido víctima de un tiroteo perpetrado por el oficial de la Policía de la Ciudad, Lucas Adrián Gómez, de 34 años, y se encontraba en estado crítico en el Hospital del Bicentenario de Ituzaingó.
Juan Cruz trabajaba en el gimnasio de su padre, Zero Gym, ubicado a solo cinco cuadras de su hogar. En ese momento, su padre estaba de vacaciones, por lo que Juan se había ofrecido a cubrir su turno completo. El jueves en cuestión, se le había hecho tarde para encontrar sus botines, lo que le llevó a salir en motocicleta a las 22:07 en lugar de en auto. Diego revela: «Intentábamos que no usara la moto de noche, pero como tenía que jugar a las 22, decidió ir más rápido».
Una vida llena de promesas
Juan Cruz era estudiante de Ingeniería en Sistemas en la Universidad de Morón, donde se encontraba en su tercer año. Además, se desempeñaba como programador y entrenador personal, y también estudiaba inglés. Su padre lo describió como un ser excepcional: «Era el mejor ser humano que cualquiera podría conocer; un buen amigo, hijo y novio. Siempre generoso, ayudaba a todos, y este asesino le truncó la vida». Ahora, Diego, junto a familiares y amigos, organiza una manifestación programada para este viernes a las 17 en la Plaza San Martín de Ituzaingó.
Demandas de justicia ante un sistema fallido
Diego expresa su indignación: «Ahora no solo hay que cuidarse de los ladrones, sino también de la policía. Queremos saber ¿quién le otorgó un arma a este individuo? ¿Qué persona pensó que Gómez estaba capacitado para portar un arma en su tiempo libre? ¿Por qué la Policía de la Ciudad poseía a alguien capaz de provocar tanto dolor a una familia? Además, cuestiona el encubrimiento por parte de la Comisaría 4° de Ituzaingó». Aún aturdido por lo acontecido, Diego denuncia: «Queremos que se haga justicia y que este hombre permanezca en prisión para siempre».
El incidente ocurrió a las 22:07 del 12 de marzo, cuando Juan Cruz iba en su moto acompañado por su amigo Daniel Enrique Kuhne, de 20 años. Según la declaración de Daniel, el oficial Gómez realizó una maniobra inesperada, cruzándose en su camino y disparando sin previo aviso: «Iban en la misma dirección. Mi amigo esquivó un lomo de burro y algunos autos estacionados, cuando de repente este policía apareció y empezó a disparar».
El desarrollo de los hechos y la falta de pruebas
Juan Cruz recibió tres disparos: el más grave impactó en su pierna, causándole una hemorragia severa y tres paros cardiorrespiratorios, siendo el último de ellos fatal. Gómez argumentó que había actuado en defensa propia durante un presunto intento de robo; sin embargo, ni Daniel ni otros testigos observaron un arma o alguna situación que justificara sus acciones. Juan Cruz llevaba consigo solamente un bolso con botines y agua.
Tras el incidente, el reloj marcaba las 23:30 cuando un amigo de Juan Cruz se comunicó con su madre, Cecilia Otero, de 53 años, quien al no recibir noticias de su hijo comenzó a inquietarse. Contactó a la novia de Juan, quien, al igual que ella, pensó que estaba jugando al fútbol. Activaron la localización del celular y pronto supieron que estaba en la comisaría. Al llegar, Cecilia fue eludida por los policías y, tras insistir, obtuvo información alarmante: su hijo y su amigo estaban implicados en un intento de robo.
Desesperación de una madre
Cuando Cecilia llegó al hospital, fue despojada de los últimos momentos de vida de su hijo. Solo pudo verlo antes de ser conducido al quirófano. La investigación está a cargo de la fiscal María Alejandra Bonini, de la Fiscalía N° 2 de Morón, quien solicitó la detención del oficial y lo indagó por homicidio. Gómez ratificó su versión y argumentó que sufrieron un intento de robo.
El abogado defensor del oficial, Guillermo Endi, ha pedido una ampliación de la declaración indagatoria. Durante esta, Gómez sostuvo que había observado a Juan Cruz en actitud sospechosa, intentando justificar su elección de disparar. «Visualicé por el espejo retrovisor una moto negra a unos 100 metros. Al acelerar hacia mi casa, noté que rápidamente se acercaba a mí», describió el oficial en su declaración.
El clamor por justicia continúa
Sin embargo, la inquietud persiste, y Diego, en su dolor, revela: «Mi gimnasio está cerrado, no puedo continuar mi vida cotidiana. Todo lo que hago es buscar justicia por Juan Cruz. Una vez que logre que este asesino reciba la sentencia perpetua, veré cómo sigo adelante». Su lucha es por la memoria de un hijo que nunca fue un delincuente, que tenía sueños, una familia y un futuro. Él clama: «Este tipo, por su falta de preparación y su proceder homicida, mató a mi hijo y nos dejó en un abismo».











