Una voz desde el desarraigo
Durante un actuación notable en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el escritor Javier Cercas, originario de Extremadura y residente en Cataluña desde su infancia, compartió reflexiones sobre su vocación literaria. En un diálogo con la periodista Elena Hevia, Cercas admitió que se considera un escritor debido a su sensación de desarraigo.
Confesiones de un escritor
“Soy escritor porque soy un desarraigado. Los escritores son seres tarados, que no están bien de la cabeza e intentan arreglar las cosas escribiendo, porque está claro que alguien que es feliz no se pone a escribir”, expresó. Además, agregó: “Nadie se encierra durante diez horas cada día para escribir algo que a lo mejor no acaba publicándose”.
Un regreso a Guadalajara
Cercas debía haber participado en la FIL de Guadalajara el año anterior, cuando España fue el invitado de honor, pero tuvo que cancelar su asistencia debido al fallecimiento de su madre. En un abarrotado auditorio en el pabellón de Barcelona, recordó las palabras de su madre: “Javier, no serías el escritor que has sido si no nos hubiéramos ido de Ibarhernando”, su lugar de origen en Extremadura, desde donde emigraron a Girona, donde su padre trabajaba como veterinario rural.
El desarraigo como fuente de creatividad
El autor de Soldados de Salamina reflexionó: “En mi caso ese desajuste, ese desarraigo fue el origen de dedicarme a la escritura”. Se describió como “un desarraigado por partida doble”, dado su traslado a una Cataluña marcada por la emigración masiva desde el sur de España hacia regiones más prósperas como Cataluña, País Vasco y Madrid. “Yo vivía en un pueblecito pequeño, muy protegido, donde mi familia eran los ricos de un pueblo muy pobre, que pasó de 3.500 habitantes antes de la Guerra Civil a 500.
Desarraigo emocional y literario
Además, Cercas experimentó un desarraigo religioso tras enamorarse a los 14 años. Tras una separación estival, eligió leer el más serio de los libros en su hogar, San Manuel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno, que relata la crisis de fe de un sacerdote. “Hasta aquel momento era un chico magnífico, muy deportista, muy católico, pero después de la lectura de todos los libros de Unamuno, perdí la fe: empecé a fumar cigarrillos y entré en un proceso de confusión del que no he salido”, compartió.
Cercas buscó en la literatura lo que antes hallaba en la religión, señalando: “Hasta aquel momento era un lector meramente por placer y a partir de aquel momento empecé a leer de otra manera, por placer, pero también en busca de conocimiento. Eso era un error, porque la literatura no proporciona certezas, sino más preguntas”.
Novelas de suspense existencial
El autor reveló que todos sus libros surgen de una pregunta, considerándolos novelas de suspense. Sin embargo, a diferencia de las novelas policíacas tradicionales donde se resuelve el misterio, sus relatos se cierran dejando unas interrogantes abiertas. Como indicó, en obras como El Quijote, la respuesta al enigma consiste en reconocer que no hay respuesta, una estructura que caracteriza toda su producción literaria.
Reflexiones sobre Barcelona
Al cuestionarle sobre su vínculo con Barcelona, donde ha residido por 25 años, comentó que solo ha ambientado dos novelas en la ciudad: La independencia y El vientre de la ballena. “Barcelona sigue siendo para mí un lugar misterioso. Estudié y viví en una Barcelona muy distinta a la actual, donde la Rambla era un lugar peligroso y podías ir al cine a ver películas diferentes cada día”, recordó. Sin embargo, admitió que ha tardado en relacionarse con escritores, especialmente aquellos que escriben en español.
Cercas concluyó reconociéndose como una excepción rara en la comunicación entre las literaturas catalana y española que coexisten en Barcelona.











