Alivio y preocupación tras el hallazgo de Fabiana Muñoz
La reciente aparición con vida de Fabiana Muñoz, tras una intensa búsqueda de casi dos días en Neuquén, ha traído un sentido de alivio, aunque también ha reabierto un debate complejo y incómodo. Fabiana, quien padece esquizofrenia y se encontraba sin medicación, fue encontrada con signos de deshidratación e hipotermia. Actualmente, permanece bajo observación médica.
Una crisis de salud mental que no se puede ignorar
La realidad que enfrenta Argentina en términos de salud mental ha sido reconocida por expertos, funcionarios y diversas organizaciones. Las cifras oficiales revelan un aumento continuo en las hospitalizaciones y consultas, acentuado particularmente tras la pandemia.
- En Buenos Aires, las solicitudes de internación relacionadas con problemas de salud mental se dispararon de 2.827 en 2020 a 6.479 en 2024.
- De acuerdo con el Órgano de Revisión Nacional de Salud Mental, más del 60% de estas internaciones están correlacionadas con intentos de suicidio o conductas autolesivas.
En la provincia de Buenos Aires, las internaciones han casi duplicado en un lapso de cuatro años, mientras que las prácticas ambulatorias se han incrementado más del 140%. Un aspecto alarmante de esta situación es el creciente número de casos en niños, niñas y adolescentes.
El peligro de reducir la situación a un simple diagnóstico
Según Jorge Prado, psicólogo y docente de Salud Pública y Salud Mental II en la Facultad de Psicología de la UBA, cada instancia que involucra a una persona con sufrimiento psíquico revive un reflejo social preocupante. «Desde la promulgación de la Ley Nacional de Salud Mental, Argentina ha intentado transformar el paradigma psiquiátrico. Sin embargo, cada vez que un incidente violento está relacionado con alguien que sufre, resurgen estigmas antiguos que asocian la locura con peligrosidad y exigen respuestas coercitivas», explica Prado.
El especialista destaca que el enfoque mediático tiende a acentuar el miedo en lugar de fomentar un diálogo genuino sobre derechos y cuidados. «El diagnóstico, en lugar de ser una herramienta de apoyo, frecuentemente se convierte en una etiqueta que aísla y silencia», añade.
Una ley de salud mental desactualizada y una red insuficiente
La Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657, que fue aprobada en 2010, pretendía implementar un cambio en el enfoque de atención, priorizando menos el encierro y más la atención comunitaria, y estableciendo las internaciones como último recurso. Sin embargo, en la práctica, esta red de soporte—compuesta por centros de atención primaria, dispositivos comunitarios, acompañamiento domiciliario y apoyo a las familias—continúa siendo insuficiente o inexistente en diversas áreas del país.
Prado explica que el desafío no es únicamente normativo, sino que también radica en la implementación: «Uno de los avances de la ley consistió en reemplazar el concepto de ‘peligrosidad’ por ‘riesgo cierto e inminente’, promoviendo una visión menos centrada en el encierro. Sin embargo, en la realidad, aún prevalece una lógica de control en muchas instituciones y discursos profesionales».
Escuchas que se reemplazan por medicación
El psicólogo también señala prácticas que, en lugar de brindar cuidado, exacerban el sufrimiento: «Cuando el diagnóstico se convierte en una identidad fija y la medicación sustituye la escucha activa, se establece una lógica punitiva», advierte. En este contexto, el sufrimiento no solo no mejora, sino que se agrava debido al estigma y la escasez de un acompañamiento auténtico.
Familias en soledad ante un sistema desarticulado
Casos como el de Fabiana Muñoz evidencian otro aspecto crítico de la crisis: la carga emocional y práctica que asumen las familias. Muchas de ellas identifican señales de deterioro, solicitan asistencia y a menudo se enfrentan a respuestas fragmentadas, criterios restrictivos o demoras que pueden tener consecuencias fatales. «La salud mental no debería basarse en el control del usuario, sino en una red de escucha, comunidad y cuidado», concluye Prado.
Los casos que llegan a ser mediáticos conmueven, pero no son excepciones; representan síntomas evidentes de una crisis estructural. La discusión debería centrarse no solo en endurecer las respuestas ante situaciones de emergencia, sino en asegurar atención temprana, apoyo sostenido y políticas públicas que hagan efectiva la ley existente. Transformar la salud mental implica no solo modificar normas: es necesario cambiar prácticas, perspectivas y prioridades para que la asistencia llegue antes de que la urgencia se convierta en un tema de noticia.











