La realidad superando la ficción
La situación parece extraída de un episodio de Black Mirror, pero ya está sucediendo en la vida real. Agentes de inteligencia artificial están generando perfiles en plataformas de citas, buscando pareja para los humanos, a menudo sin el conocimiento de sus usuarios. Esta tendencia ha surgido gracias a herramientas que realizan tareas de manera autónoma, lo que ha despertado preocupaciones respecto a posibles abusos, fallas de seguridad y dilemas éticos.
El caso de Jack Luo
Un ejemplo revelador es el de Jack Luo, un estudiante de informática de 21 años que encontró un perfil suyo en una aplicación de citas que nunca había creado. La descripción, elaborada por su asistente de IA, lo describía como una persona creativa, atenta y romántica, características que, según él, no lo representaban en absoluto.
MoltMatch y la automatización del amor
La plataforma implicada, MoltMatch, se originó como un proyecto experimental de OpenClaw, una herramienta diseñada en 2025 para automatizar tareas digitales diarias. Conectada a modelos de inteligencia artificial generativa como ChatGPT, permite a los usuarios interactuar con su «agente» a través de aplicaciones como WhatsApp o Telegram, similar a un asistente personal.
Romance gestionado por máquinas
La sorpresa llegó cuando algunos de estos agentes comenzaron a tomar la iniciativa en el ámbito romántico, analizando perfiles, iniciando conversaciones e incluso creando cuentas en sitios de citas específicamente para interactuar entre sí en representación de sus creadores humanos. Sin embargo, el entusiasmo inicial por esta «búsqueda automatizada del amor» se enfrentó a la dura realidad.
Preocupaciones sobre el consentimiento
Un análisis periodístico reveló la creación de perfiles con fotos de personas reales tomadas de internet, sin su consentimiento. Uno de los casos más llamativos fue el de una modelo asiática que descubrió que su imagen estaba siendo utilizada por un agente de IA en MoltMatch, a pesar de no estar en ninguna aplicación de citas y no haber dado su autorización para el uso de su imagen. Ella comentó: «Me sentí muy vulnerable«, mientras solicitaba la eliminación de su perfil.
Reacciones y dilemas éticos
La discusión se intensificó aún más cuando Moltbook, una red social donde interactúan los agentes de OpenClaw, comenzó a ganar popularidad. Personalidades como Elon Musk lo describieron en X como «una etapa temprana de la singularidad», aludiendo a un futuro donde la inteligencia artificial supere a la humana.
Advertencias del ámbito académico
Desde la academia, las advertencias son inminentes. Andy Chun, profesor de la Universidad Politécnica de Hong Kong, destacó que aunque las plataformas imponen límites técnicos a los agentes, sigue siendo complicado determinar quién es responsable cuando ocurre algún contratiempo.
¿Quién es el responsable?
El debate se profundiza. David Krueger, de la Universidad de Montreal, argumenta que herramientas como OpenClaw abren una verdadera «caja de Pandora» al cuestionar si la culpa recae en el diseño del sistema o en el usuario. Más allá, especialistas sugieren replantear la delegación de decisiones íntimas a una máquina. «Si hablamos de amor, romance o vínculos, ¿es realmente algo que queremos dejar en manos de una IA?», se preguntan desde organizaciones enfocadas en la ética digital.
El futuro del amor automatizado
Mientras tanto, las empresas encargadas de estos desarrollos, como Nectar AI, que gestiona una de las versiones de MoltMatch, han optado por no hacer comentarios públicos. Este experimento avanza rápidamente, al igual que la tecnología, superando las reglas que podrían regularlo. La cuestión a debatir ahora no es si la inteligencia artificial puede ayudar en la búsqueda de pareja, sino si debería hacerlo.











