Fin de Año: Un Tiempo de Reflexión
El final del año se acerca, y aunque está marcado en el calendario, su verdadera esencia reside en esos detalles aparentemente pequeños. Desde un semaforo que tarda más de lo habitual, hasta ese bar del barrio donde ya no se escucha la pregunta: «¿lo de siempre?». Se nota, incluso, en el cansancio reflejado en la manera de caminar de las personas. Como diría Cortázar, el tiempo no se puede guardar en los bolsillos, y diciembre nos lo recuerda constantemente.
Un Mes Contradictorio
Diciembre es un mes peculiar en el que todo parece acelerarse y volverse más denso al mismo tiempo. La vida se llena de listas de cosas por hacer. Todo se siente urgente: regalar, brindar y cerrar ciclos. Cesare Pavese mencionaba que el hábito actúa como un potente anestésico. Tal vez por eso, el final del año, en vez de ser un alivio, provoca incomodidad y a veces dolor porque interrumpe nuestras rutinas. La ansiedad asociada a esta época no permite que nada, ni siquiera esa inquietud propia de estos días, nos ayude a gestionarlo.
Balances y Cierres
Además, es común hacer balances. Un repaso, ya sea voluntario o no, de nuestros logros, errores y ausencias. En todos lados se escucha hablar de cerrar: proyectos, etapas y el año en sí. Sin embargo, la realidad es desordenada; muchas cosas permanecen sin resolver: conflictos, duelos y preguntas. El año que se va no se lleva todo, pues el verdadero final se mezcla con un nuevo comienzo, y, a pesar de todo, la vida sigue.
La Esperanza en el Umbral del Año Nuevo
Quizás ahí radique la esencia de este tiempo de limbo en el que nos encontramos cada fin de año. Más que un desenlace, representa un umbral: una puerta entreabierta que pocos atraviesan con plena seguridad. Sin embargo, la esperanza se mantiene tan presente como la aceleración de diciembre. Esta esperanza no siempre promete grandes cambios, sino que se construye con lo posible: retomar, empezar de nuevo y abrazar con cariño lo que resta.
La Transformación del Entorno
El ambiente de fin de año no cambia la realidad, pero sí la ilumina de una forma diferente, ordenando y desordenando nuestras percepciones. A pesar de las frustraciones propias de este periodo, cada nuevo comienzo sugiere continuidad: aquí seguimos, y eso es suficiente para un brindis.
Un Nuevo Comienzo en Buenos Aires
Por otro lado, la ciudad de Buenos Aires suele amanecer transformada cada Año Nuevo. Algo en el aire, esa mezcla de calor, promesas y silencios, le da un carácter peculiar, un susurro en lugar de gritos. La llegada de respuestas junto a un nuevo año es poco común; a menudo, lo que tenemos son nuevas preguntas, pero sin la necesidad imperiosa de respuestas inmediatas. Se trata de un tiempo para abrir, más que para cerrar.
Una amiga comentó que si no ocurrió algo grave, es como si te dieras cuenta de que moviste un mueble y quedó una marca en la pared. Con el sol golpeando el asfalto, la Buenos Aires del primer día del año retoma su actividad, cargando expectativas, como quien guarda una carta en el bolsillo, lista para abrirla en el momento adecuado. Como si Cortázar se hubiera equivocado, y la posibilidad de conservar un poco de tiempo fuera real.











