Una revelación inesperada
«Yo tenía una relación abierta, solo que mi mujer no lo sabía», me confesó un amigo en una conversación alejada de la superficialidad. Me reí internamente, aunque conocía muy bien el significado de esas palabras.
A lo largo de mi vida, había sido un adicto a la corrección y la fidelidad, ámbitos donde intenté cumplir con un ideal casi inalcanzable. La vida sentimental no fue la excepción y preferí mantenerme en relaciones largas, evitando el engaño a todo costo. Sin embargo, el temor a mis propias emociones me hacía sentir como un prisionero. La idea de enamorarme era una pesadilla que había tratado de evitar durante más de cuatro décadas.
La realidad golpea
Mi mundo se desmoronó al escuchar que mi esposa se había enamorado de otro. Su amante, un joven artista plástico, había ocupado sus pensamientos, llevándola a confesar que había estado luchando contra ese sentimiento, consciente de las repercusiones de sus acciones.
Los detalles de su confesión fueron dolorosos. Me enteré de que había intentado olvidarlo manteniendo relaciones con otros hombres, siguiendo el consejo de una amiga, pero cada encuentro solo aumentaba su angustia por la infidelidad emocional hacia su amante. Mi locura fue inmediata; cuestioné todos los principios que me habían guiado toda la vida.
La búsqueda de nuevas experiencias
En una conversación con mi amigo Fernando, comprendí que enfrentar esta situación requeriría inversión. «Salir de este quilombo te va a costar dinero», me dijo. Me dio a entender que podría optar entre gastar en prostitutas o en terapia.
Decidí explorar mi sexualidad. Al principio, intenté con prostitutas, pero no me sentía a gusto. Finalmente, opté por aplicaciones de citas, adentrándome en un mundo nuevo pero incómodo. La típica pregunta del recepcionista del alojamiento temporal, «¿turno o pernocte?», me confrontaba constantemente.
Navegando en la complejidad emocional
A lo largo de los años, me vi involucrado con mujeres que honestamente no me interesaban. A veces me encontraba excitado por lo que consideraba degradante. Descubrí que los seres humanos somos una mezcla de mediocridad, fragilidad y ligereza, y necesitaba experimentar todo lo que me había reprimido.
Reflexionando sobre lo aprendido, reconocí que el sexo sin amor puede ser una experiencia vacía, pero también un placer fugaz. Con el tiempo, la novedad del enamoramiento se desvanece y, sin embargo, la búsqueda de nuevas conexiones y la tentación de explorar otras personas persisten.
Desafiando concepciones rígidas
Ahora sonrío al escuchar a alguien afirmar que si se ama no hay lugar para la infidelidad. Esa postura me parece arrogante, al igual que la idea de forzar la vida dentro de conceptos rígidos. Hay un profundo miedo detrás de esta inflexibilidad, un intento de controlar lo incontrolable.
El verdadero desafío es encontrar un equilibrio en nuestras emociones. ¿Es posible sentir sin perder el control? Quizás sea momento de cuestionar los mapas mentales que nos han guiado y aceptar la incertidumbre de la vida.
Estas reflexiones me han acompañado mientras trato de navegar mi trayecto emocional y sexual, desde el compromiso a la exploración, y quizás con una nueva comprensión de lo que significa vivir auténticamente.
Juan Tonelli es escritor y orador, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”.











