Un homenaje conmovedor en tiempos de despedida
La reciente muerte del Indio Solari ha dejado un rastro de historias de fanatismo que atraviesan generaciones. Entre ellas, destaca la historia de Indio Isola, un niño de 12 años que reside en Palermo y lleva el nombre del icónico ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, gracias a la decisión de su madre, quien es una ferviente fan desde su adolescencia.
Indio comparte con orgullo que «soy el único de mis amigos que lo escucha. Soy como el distinto, pero es un orgullo», revelando así su singularidad en medio de sus pares.
Un legado musical familiar
La pasión por la música del Indio comenzó mucho antes de que Indio Isola viera la luz. Su madre, Antonella Garbagnati, recuerda que su amor por la música del artista se inició cuando solo tenía ocho años. «Entré a la habitación de mi hermano mayor y encontré un cassette que decía ‘Mi perro dinamita’. Me enamoré de la melodía y comencé a escuchar toda su obra, jamás pude soltarla. En cada instante de mi vida encontraba alguna letra que me representaba», explicó Antonella, evidenciando el impacto que tuvo la música en su existencia.
Este fervor por la música fue tan intenso que, al conocer a su pareja, ella expresó una decisión firme: «Hace 16 años le dije: ‘Mi hijo se va a llamar Indio’. Me parecía un nombre con mucha impronta, original y una forma de homenajear todos los momentos hermosos que viví en cada recital».
La curiosidad se transforma en admiración
Desde que Indio era muy pequeño, su madre intentó inculcarle la misma pasión por el artista. Sin embargo, reconoció que esperó a que su hijo creciera para llevarlo a los recitales. «Desde que era muy chiquito quise enseñarle lo que era el Indio. Mi deseo era llevarlo a recitales, pero sabía que por su edad todavía no era el lugar adecuado», confesó.
Las preguntas sobre su inusual nombre comenzaron cuando Indio asistía a la escuela. Antonella recuerda que «a los cinco o seis años me preguntó por qué se llamaba Indio, porque al principio no le gustaba mucho el nombre».
En ese momento, el pequeño Indio narró: «Le pregunté a mi mamá: ‘¿Por qué me llamo Indio?’. Ella me explicó que era por el Indio Solari y me contó quién era. Me aclaró que no era un rockero más, sino una leyenda».
Con el paso del tiempo, su curiosidad fue evolucionando hacia una franca admiración. «Me hice fanático en el colegio. La profesora nos prestaba las computadoras y yo ponía canciones del Indio sin saber mucho de él. Luego empecé a conocer sus letras y me atrapó todo: su personalidad, lo poeta que era y la forma en que escribía», comparte el niño con entusiasmo.
Este vínculo con la música se vio reforzado por una curiosa coincidencia: la familia reside frente a la casa de Baltasar Comotto, guitarrista de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. «Cuando lo conoció, lo primero que le dijo fue que se llamaba Indio por el Indio Solari», añade entre risas su madre.
Un sentido de pertenencia familiar
Para Antonella, la historia de su hijo representa un hilo de conexión profundizado por su amor por la música. «Estamos muy atravesados como familia por todo esto», concluye. Hoy, Indio Isola, con 12 años, lleva con orgullo su nombre, que alguna vez le resultó extraño, pero que ha terminado acercándolo al universo musical del artista que tanto ha influido en la vida de su madre.











