El tango y su impacto en la salud integral
El Campeonato Mundial de Tango celebrado recientemente ha iluminado las calles de Buenos Aires con la exhibición de 800 parejas provenientes de diversas zonas de Argentina y casi 50 países. Sin embargo, este evento trasciende el mero espectáculo y resalta una tendencia que beneficia la salud a cualquier edad. Lejos de ser un simple entretenimiento, la investigación demuestra que el tango tiene un efecto positivo en el corazón, el cerebro y las emociones.
Investigaciones sobre el tango y su efecto en el corazón
El estudio del impacto del tango en la salud cardiovascular empezó en Argentina gracias al doctor René Favaloro. Una investigación liderada por el Dr. Roberto Peidro en la Fundación Favaloro examinó cómo afecta el baile al cuerpo. Mediante mediciones de consumo de oxígeno y frecuencia cardíaca, el trabajo mostró que esta danza ejerce un esfuerzo físico óptimo para la rehabilitación del sistema cardiovascular, ayudando a reducir la presión arterial, el colesterol “malo” y mejorando la circulación.
Además, el baile genera un «estrés positivo», lo que incrementa la motivación para realizar actividad física y protege contra el riesgo de infartos, creando una conexión emocional que anima a los pacientes a continuar con sus tratamientos.
La química del abrazo en tiempos de estrés
En un mundo donde el estrés y la ansiedad son comunes, el tango se presenta como un refugio tanto físico como emocional. La licenciada Martha Trica, psicóloga y creadora del taller «Cuando el cuerpo habla», señala que el abrazo cercano y prolongado induce calma, disminuye los niveles de cortisol y activa la oxitocina, lo que genera una sensación de tranquilidad y contención.
La especialista menciona que «al movernos simultáneamente con otra persona, se intensifica la sensación de cercanía y pertenencia, y el cuerpo reconoce que están haciendo algo juntos». Este sentido de sincronía ayuda a aquietar la mente y conectarse con el otro en un lugar donde las palabras no alcanzan, transformando el tango en un refugio que brinda la paz de un buen abrazo.
Un aliado contra la soledad en la tercera edad
La significativa presencia de personas mayores en las milongas ofrece una lección sobre el envejecimiento activo y saludable. El Dr. Diego Bernardini, médico especializado en geriatría y creador del concepto de Nueva Longevidad, resalta la importancia de mantener la autonomía y la conexión social durante esta etapa de la vida. Según Bernardini, «bailar es esencial para combatir el aislamiento, estimulando habilidades motoras, ejercitando la memoria y fomentando la integración comunitaria, lo que actúa como un antídoto contra la soledad».
El tango como ejercicio para el cerebro
Desde la perspectiva neurológica, el baile de tango representa un desafío completo para el cerebro, requiriendo improvisación, toma de decisiones rápidas, equilibrio y planificación, lo que promueve la neuroplasticidad. Instituciones como el Instituto Fleni y el Hospital Ramos Mejía apoyan que el tango sea una terapia complementaria efectiva para pacientes con la enfermedad de Parkinson. El ritmo del bandoneón actúa como un estímulo que ayuda a los bailarines a recuperar la fluidez en sus movimientos, mejorando postura y equilibrio.
Derecho a bailar y estar bien
La Organización Mundial de la Salud define salud como un estado de bienestar físico, mental y social, no solo como la ausencia de enfermedades. Promueve la inclusión del baile dentro del sistema de salud por sus efectos benéficos, conectando así la salud con el derecho. El acceso al arte y a la cultura es más que un entretenimiento: se reconoce como un pilar de bienestar integral, sustentado por tratados de derechos humanos en Argentina como el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
La Ley Nacional de Salud Mental refuerza la cultura como un recurso de sanación, incluyendo la «tangoterapia» como complemento de otros tratamientos. Así, con el tango declarado Patrimonio Cultural de la Nación y Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, surge la responsabilidad del Estado de promover espacios de baile y milongas como refugios de bienestar y cohesión social, mejorando la calidad de vida y fortaleciendo la identidad cultural. En definitiva, bailar tango no es solo una forma de arte: es ciencia en movimiento, un derecho para vivir plenamente.











