Los selfies como parte de nuestra rutina diaria
Tomarse selfies, probar varias veces hasta encontrar la óptima y compartirla en redes sociales es una práctica común entre millones de individuos. Gracias a la ubiquidad de las cámaras en los móviles y el auge de plataformas como Instagram y TikTok, la fotografía personal se ha vuelto algo cotidiano. A pesar de que durante años ha circulado la noción de una supuesta enfermedad denominada «selfitis«, que se creía relacionada con la obsesión por las selfies, este diagnóstico no está reconocido oficialmente en la psicología ni en la psiquiatría.
La importancia del contexto
No obstante, esto no implica que todas las formas de hacerse selfies sean inofensivas. Los expertos sugieren que lo esencial no es cuántas fotos se toma una persona, sino qué rol desempeñan esas imágenes en su bienestar emocional. Por ejemplo, la repetición de una selfie podría ser un reflejo de perfeccionismo o una preocupación excesiva por ciertos detalles físicos.
Compulsión y necesidad de aprobación
En algunas situaciones, una persona podría tomar la misma imagen múltiples veces debido a que ninguna resulta lo suficientemente satisfactoria. Esta conducta puede estar relacionada con una necesidad constante de aprobación. La acción de publicar una selfie y revisar ansiosamente los «me gusta«, decidir borrarla por falta de respuestas o modificarla hasta conseguir más interacciones, puede señalar que la autoevaluación se encuentra demasiado ligada a la reacción del público.
Aunque estas acciones no son suficientes para diagnosticar un trastorno psicológico, éstas pueden indicar aspectos más complejos como la autoestima, el narcisismo o la ansiedad, lo que requiere un análisis profesional.
Relación entre selfies y problemas emocionales
Uno de los trastornos donde la autoimagen adquiere gran relevancia es el trastorno dismórfico corporal, que se caracteriza por una preocupación excesiva por defectos visuales que otros podrían considerar irrelevantes. Para quienes padecen este problema, la cámara se convierte en una herramienta de validación constante. La práctica de tomarse fotos repetidamente, agrandar partes del rostro, comparar imágenes o buscar el ángulo ideal puede fomentar un círculo de insatisfacción continua.
La otra cara de la moneda
Sin embargo, no todas las personas que utilizan selfies enfrentan conflictos emocionales. Hay quienes disfrutan de capturar momentos, experimentar con su imagen o comunicarse a través de fotografías, lo cual no representa un problema. La cantidad de selfies tomadas no es, de por sí, un indicador absoluto de un conflicto emocional.
Señales de alerta según especialistas
Los psicólogos sugieren que, más allá de contar selfies, es crucial observar las consecuencias de esta conducta. Algunas señales a tener en cuenta incluyen:
- Dedicar excesivo tiempo a tomarse o editar fotografías.
- Sentir ansiedad si el resultado no es satisfactorio.
- Evitar eventos sociales por insatisfacción con la propia imagen.
- Depender de la cantidad de seguidores, comentarios o «me gusta» para sentirse bien.
Estas acciones, aunque no constituyen un diagnóstico formal, sirven como indicadores de que es prudente evaluar la relación con la autoimagen y las redes sociales.
Atención especial a los adolescentes
Los adolescentes son un grupo que merece especial atención, ya que están en una fase crítica de formación de identidad y percepción de sí mismos. La constante comparación con fotografías editadas y seleccionadas de otros puede intensificar la presión relacionada con su propia imagen corporal.











