El impacto del tabú en la salud
Existen verdades aceptadas que en ocasiones se vuelven relativas. Frases como «la salud es lo más importante» o «lo primero es la salud» pueden acumularse hasta convertirse en un simple eslogan, cuando la evidencia científica sobre medicamentos destinados a combatir enfermedades significativas se ve superada por tabúes y estigmas. En diversas ocasiones, trastornos de salud se tornan más complejos que optar por una simple aspirina para aliviar un dolor de cabeza.
No es que no existan tratamientos eficaces, sino que a menudo el camino hacia la recuperación se vuelve complicado, lleno de dudas que obstaculizan el cuidado del paciente.
El papel de la culpa y el estigma
Desde la perspectiva del paciente y su entorno, la culpa y la vergüenza se presentan como obstáculos para que el tratamiento y su solución fluyan en un entorno saludable. En pleno siglo XXI, el uso de medicación se carga de prejuicios que dificultan la búsqueda de bienestar. Cada trastorno alimenta un susurro insistente: por ejemplo, en casos de depresión o ansiedad, la voz interior dice «debería poder salir adelante solo». En el ámbito psiquiátrico, estos prejuicios suelen verse con más claridad, aunque la raíz del reproche se ramifica a otras condiciones.
- En casos de disfunción eréctil: «debería poder hacerlo sin ayuda».
- Sobrepeso o obesidad: «debería poder adelgazar por mi cuenta».
- Insomnio: «debería poder dormir naturalmente».
- Colesterol elevado: «debería haberlo podido evitar».
A medida que el tiempo avanza, las condiciones médicas no solo deterioran la calidad de vida, sino que también actúan como factores de riesgo para enfermedades graves. La pregunta es: ¿por qué esto sucede? ¿Cuáles son las implicaciones de eludir tratamientos que los manuales consideran necesarios?
Creencias perjudiciales
Para comprender estas cuestiones, se consultó al psicoanalista y psiquiatra Pedro Horvat, quien explica: “El prejuicio y el reproche social son clave. En relación a los psicofármacos, se asocia su uso con estar «loco»; para medicamentos para perder peso, existe un estigma sobre la obesidad, considerada una falla de voluntad.
A pesar de que todos los que enfrentan esta enfermedad saben que es polisistémica, el desconocimiento general provoca que la toma de medicación se perciba como una falta de voluntad. Una encuesta realizada por Quiddity a 800 mujeres en la peri-menopausia revela que más del 70% se preocupa por el aumento de peso, pero un 33% considera que usar inyecciones para adelgazar es «hacer trampa», y un 25% se abstiene por culpa o vergüenza.
Las consecuencias de evitar medicaciones
Horvat agrega un análisis sobre la disfunción eréctil, donde el uso de medicamentos puede verse como un ataque a la virilidad: “La sexualidad humana es influenciada por componentes psicológicos y afectivos”. A partir de cierta edad, los hombres experimentan disminuciones hormonales y alteraciones vasculares que afectan su desempeño, creando un mandato cultural que hace que el uso de medicación sea visto como algo vergonzoso.
Respecto a las consecuencias de postergar la medicación, destaca que el prolongar el sufrimiento sin ansiolíticos o antidepresivos intensifica el padecimiento psicológico. “El sufrimiento que se afecta supera la capacidad de control de la persona”, dice Horvat. Muchos pacientes prefieren esperar y recurrir a su propia fuerza psicológica antes de optar por medicación, una elección que debe ser considerada.
Abordando el tabú médico
El psicoanalista también menciona los mitos en torno a los psicofármacos, como la creencia de que una vez que se inician, no se pueden dejar. La consulta médica adecuada debe aclarar estas situaciones y proporcionar información necesaria para la tranquilidad del paciente. El retraso en determinados tratamientos, basado en la creencia de que el control se puede lograr sin medicamentos, entraña riesgos serios, como lo evidencia el uso de estatinas.
Fernando Botto, cardiólogo, hace una distinción crucial entre infecciones agudas que requieren atención inmediata y enfermedades crónicas que, aunque más gestionables, exigen atención constante. Cuanto más se postergue el tratamiento, aumenta el riesgo cardiovascular. Por ejemplo, si un paciente tiene la presión alta, “debe tomar el medicamento, porque el riesgo comienza desde mañana”.
El cardiólogo también resalta que las mujeres enfrentan un punto crucial con la menopausia, donde los cambios hormonales incrementan el riesgo cardiometabólico, pero muchas veces se siente una resistencia a buscar tratamiento. La presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, Virginia Busnelli, acentúa que muchas mujeres reconocen los cambios metabólicos, pero aún se culpan por su peso, evidenciando un conflicto que puede entorpecer la búsqueda de ayuda.











