Un autor que retrata la realidad argentina
La literatura argentina a menudo se debate entre dos polos: la vanguardia académica y el fervor popular. Pocos escritores han sabido transitar esta delgada línea con la habilidad, el sarcasmo y la sensibilidad que caracterizaban a Osvaldo Soriano. En sus propias palabras, cuando reflexionaba sobre el destino de sus personajes, constantemente perdedores y solitarios, no emanaba quejas, sino que afirmaba una postura estética. Para el conocido como el «Gordo», representar a Argentina implicaba necesariamente desviar la mirada de los triunfadores y contemplar a aquellos que yacen a los márgenes del camino al éxito.
“Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes son perdedores y solitarios que representan aspectos muy fuertes de Argentina”, declaró en una entrevista con Cristina Mucci, cuyas palabras fueron publicadas en su sitio web. Esta frase cobró relevancia como un manifiesto verbal que Soriano repitió en diversas entrevistas radiales, televisivas y escritas, especialmente durante el regreso a la democracia y la década de los noventa, sirviendo como defensa ante quienes en el ámbito académico lo catalogaban despectivamente de «populista» o «efectista» por sus impresionantes cifras de ventas.
Su legado literario
La poderosa concepción que resumía su postura se hizo evidente tras su regreso del exilio en Francia en 1983. Al retornar a un país que buscaba levantarse de los escombros dejados por la dictadura militar, comprendió que la verdadera identidad nacional no se forjaba a partir de los vencedores, sino de aquellos náufragos que mantenían la dignidad en medio de la adversidad.
Esta filosofía se refleja en sus tres obras más significativas, comenzando por Triste, solitario y final (1973), donde mezcla al emblemático detective Philip Marlowe con un alter ego del propio Soriano en un decadente Los Ángeles, dando lugar a su propia mitología: el héroe del policial negro se transforma en un entrañable perdedor rioplatense.
- La segunda obra, No habrá más penas ni olvido (1978), escrita justo antes de su exilio, se considera una crítica feroz y satírica de la violencia civil en Argentina.
- Su tercera obra, Una sombra ya pronto serás (1990), representa de manera certera la madurez de su visión, narrando la historia de un grupo de errantes en una provincia de Buenos Aires en crisis.
La importancia de su narrativa
Los motivos detrás del éxito de estos libros radican en que Soriano redefinió al «perdedor» no como un desecho social, sino como un héroe ético. Personajes como el boxeador Rocha de Cuarteles de invierno (1980) o el cónsul Martínez en A sus plantas rendido un león (1986) no fracasan por falta de voluntad, sino porque las estructuras de poder son monstruos que los sobrepasan.
Vida y trayectoria de un gran narrador
Osvaldo Soriano nació el 6 de enero de 1943 en Mar del Plata, Argentina, y tuvo una infancia llena de mudanzas por varias provincias debido al trabajo de su padre, experiencia que luego reflejó en sus novelas. Después de dejar la escuela secundaria y un intento fallido como futbolista, inició su carrera periodística en Tandil y se trasladó a Buenos Aires en 1969. Allí colaboró en redacciones emblemáticas como La Opinión y fue uno de los cofundadores de Página/12.
Tras el golpe de Estado de 1976, Soriano se exilió, primero en Bélgica y luego en Francia, donde su obra comenzó a traducirse y a tener un notable éxito internacional. Publicó obras fundamentales como Triste, solitario y final, No habrá más penas ni olvido, Cuarteles de invierno, A sus plantas rendido un león, y Una sombra ya pronto serás, así como colectivas de relatos. Apasionado por los gatos y ferviente hincha de San Lorenzo, Soriano falleció de manera prematura el 29 de enero de 1997 en Buenos Aires, a los 54 años, siendo despedido por una multitud de lectores que lo consideraron el último gran narrador popular argentino.











