Perspectivas de la Siembra de Trigo para 2026/27
La campaña de siembra de trigo 2026/27 podría presentar un ligero retroceso en comparación con el ciclo anterior; sin embargo, los productores están optimistas, recordando los rendimientos destacables de esa temporada y considerando la suficiente humedad en los suelos. Los principales desafíos provienen de los altos costos de producción, exacerbados por el conflicto en Medio Oriente, que también conlleva riesgos de desabastecimiento de insumos vitales, como los fertilizantes.
Reunión de Fertilizar
El tema fue discutido en un encuentro organizado por la asociación civil Fertilizar, donde se compartieron datos sobre la disponibilidad de fertilizantes y recomendaciones para su uso eficiente. Durante 2026, la capacidad de producción local de urea, ubicada en Bahía Blanca, alcanzará las 1.250.000 toneladas. En contraste, el consumo de fertilizantes nitrogenados para el cultivo de trigo en 2025 fue de 910.000 toneladas, mientras que los fosfatados totalizaron 490.000 toneladas. Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar, proyectó que “la producción nacional de nitrógeno será suficiente para satisfacer las necesidades de la campaña de granos finos, aunque será esencial recurrir a las importaciones –que ya se están llevando a cabo desde países proveedores– para abastecer cultivos veraniegos, principalmente maíz”.
Datos sobre Importaciones y Despachos
Durante el primer trimestre de 2026, el volumen importado se mantuvo en cifras similares a las del mismo período de 2025. Asimismo, los despachos internos aumentaron de 150.000 a 200.000 toneladas, principalmente debido a la utilización de fertilizantes en el establecimiento de pasturas. Observando un patrón general, los productores tienden a concentrarse en la compra de fertilizantes fosfatados, posponiendo la adquisición de nitrogenados como parte de una estrategia ante la posible disminución del precio de la urea, si la situación en Medio Oriente se estabiliza.
Ámbito de Importación de Fertilizantes
Las importaciones de fertilizantes fosfatados mayoritariamente provienen de Marruecos, China y Estados Unidos, que juntos representan el 80% del total. También se suman, en menor medida, Rusia, México, Brasil, Finlandia y Egipto. Estos países son los que poseen el mineral base necesario para la producción de fosfato monoamónico y diamónico. En términos de fertilizantes nitrogenados, estos son principalmente proporcionados por naciones productoras de combustibles, destacando Egipto, Estados Unidos, Nigeria, los países del Golfo Pérsico, Rusia y Bolivia.
Fertilización y su Importancia
Con respecto a la campaña de trigo 2026/2027, hay una adecuada provisión de humedad para la siembra, gracias a las lluvias otoñales. Este factor es crucial para alcanzar altos rendimientos, especialmente si se suman las precipitaciones asociadas al fenómeno El Niño durante el ciclo del cultivo, como señaló Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar. “Cuando el agua no es una limitante, la nutrición del cultivo se vuelve fundamental para determinar el rendimiento, por encima de otras variables como la sanidad o la fecha de siembra”, enfatizó.
Análisis de Suelo como Herramienta Clave
Para asegurar una nutrición eficiente, Ciarlo recomendó realizar análisis de suelo, que permiten identificar deficiencias y definir dosis óptimas desde una perspectiva económica. Estas evaluaciones proporcionan información sobre el contenido de nitrógeno, fósforo, pH, materia orgánica y otros nutrientes esenciales. A pesar de su bajo costo, solo uno de cada cuatro lotes de trigo es sometido a esta evaluación.
Con la dosis adecuada determinada por el análisis, el fertilizante puede aplicarse en una sola aplicación o de manera fraccionada, según el rendimiento esperado y el desarrollo del cultivo. A la par, es crucial considerar el contenido de fósforo del suelo, ya que su falta puede limitar el rendimiento, incluso en presencia de niveles adecuados de nitrógeno. “La fertilización debe buscar la máxima eficiencia económica, que está en equilibrio entre productividad e ingresos, y no necesariamente se alinea con el rendimiento físico máximo”, concluyó Ciarlo.
Aspectos sobre la Cebada
La cebada es un cultivo que presenta características similares al trigo y tiene aplicaciones tanto en la industria cervecera como en la alimentación animal. En el ámbito de la cebada cervecera, el grano es generalmente adquirido por la industria maltera, que lleva a cabo el proceso de germinación para producir malta, utilizada luego por la industria cervecera. En Argentina, algunas empresas integran ambos procesos. Por otro lado, la cebada forrajera se destina principalmente a la alimentación de animales, incluyendo cerdas en parición y camellos en Medio Oriente, siendo Arabia Saudita el mayor importador mundial.
Distribución de la Producción
A nivel global, el 85% de la producción de cebada se destina a uso forrajero, mientras que el 15% restante a maltería. En Argentina, esta distribución es más equilibrada: aproximadamente un tercio se utiliza para el uso forrajero, otro tercio para cebada cervecera destinada a la exportación, y el tercio restante se destina a la industria maltera nacional, de la cual alrededor de la mitad se exporta y la otra mitad se queda en el mercado interno. Pablo Pristupa, profesor de la cátedra de Fertilidad y Fertilizantes de la Fauba, destacó que los requerimientos de la industria maltera incluyen, entre otros factores, un contenido de proteína en el grano entre el 10% y 12%, con tolerancias de entre 9,5% y 13%.
Requerimientos de Nitrógeno
La fertilización nitrogenada es crucial para alcanzar dichos niveles proteicos. En la región norte de Buenos Aires, para producir cebada forrajera se requieren entre 120 y 140 kilos de nitrógeno por hectárea, sumando el aporte del suelo y el fertilizante aplicado. En el caso de cebada cervecera, los requerimientos aumentan a entre 170 y 180 kilos de nitrógeno por hectárea, lo que implica un mayor costo de fertilización. Por este motivo, se recomienda implementar estrategias de manejo conservadoras, como la aplicación fraccionada de nitrógeno.
Esto implica que una dosis se puede aplicar al momento de la siembra y otra durante el macollaje, con la posibilidad de una segunda aplicación en encañazón que impacta positivamente en el rendimiento y en el contenido proteico. Se puede incluso diferir la segunda aplicación hasta la espigazón, lo cual afecta específicamente al contenido proteico. La elección del momento de fertilización puede determinarse mediante herramientas como Spad o Weedseeker, que evalúan el verdor y la actividad fotosintética de las hojas.
Conclusión
En resumen, esta campaña presenta mayores desafíos en la resolución de la ecuación de fertilización de los cultivos de invierno que en años anteriores. Los productores deberán colaborar con sus asesores agronómicos para encontrar las dosis que les permitan lograr la máxima eficiencia económica en cada situación, utilizando herramientas que permitan monitorear periódicamente la correcta nutrición de los cultivos.











