Un relato de desesperación en Pereira
Lilian Durán, una mesera de 37 años que alquila una habitación en el centro de Pereira, enfrentó una intensa desesperación durante el reciente terremoto que sacudió a Colombia. Estaba en el segundo piso de la pensión cuando comenzó a temblar. Junto a sus vecinos, descendió rápidamente las escaleras, pero se encontraron con que la puerta de emergencia estaba cerrada con un candado. «Éramos como quince personas empujando, pensé que me iba a morir ahí. Había mujeres que se querían tirar por la ventana. La encargada no atendía hasta que se despertó y nos abrió», recuerda.
Este estremecedor relato cobra aún más peso dada su situación actual: se encuentra sentada sobre un colchón en el Parque La Libertad, un espacio que se ha convertido en refugio improvisado para decenas de personas que perdieron sus hogares durante el temblor del lunes.
Condiciones precarias en el refugio
Muchos de los evacuados han improvisado refugios al atar sogas entre las palmeras para colgar lonas que actúan como carpas. Debajo, colocan los colchones. Otros, con más recursos, han logrado montar tiendas de camping. Mientras los niños juegan cerca, los adultos forman fila para acceder al gazebo negro con el letrero: “Punto de carga”. La señal de celular escasea, y una empresa privada ofrece conexión wifi gratuita, aunque esta se interrumpe con frecuencia.
Las necesidades son apremiantes: “Quedamos en la tabla, todo se perdió. Necesitamos camisas, alimentos, zapatillas, jabón, Colgate, lo que sea”, solicita Daniel Marchena, un barbero cuyo local fue arrasado por el sismo. Marchena también se pronunció sobre la falta de apoyo estatal, enviando un mensaje directo al nuevo presidente colombiano Abelardo De la Espriella, pidiendo ayuda: “No han mandado nada de ayuda todavía. Estamos esperando al ‘firme por la patria’, que se aparezca por acá y nos colabore, que nos dé lo que nos vaya a dar”, señala.
Lilian se une a los llamados urgentes: “Lo que puedan traer como cepillos y carpas porque uno no sabe cuándo va a llover”, sostiene mientras expresa su incertidumbre: “Quién sabe hasta cuándo será esto”.
Mejoras en las condiciones sanitarias y alimentarias
Tras tres días, el refugio en la plaza recibió su primer suministro de baños químicos, lo cual fue considerado un alivio por los evacuados. Sin embargo, no hay donde ducharse y la convivencia se torna cada vez más tensa. Por el momento, voluntarios organizan ollas populares dos veces al día para alimentar a los necesitados.
En el Parque La Libertad, también se ha establecido un gazebo por parte de estudiantes de medicina de la Universidad Tecnológica de Pereira, quienes están activos en los cinco centros de refugiados que hay en la ciudad. “ La idea es poder abarcar lo que más podamos. Han llegado muchos analgésicos y medicamentos para la inflamación, pero necesitamos medicinas para hipertensos y antibióticos”, explica Jaider Ruiz, un estudiante de medicina y paramédico coordinador en los albergues.
La devastación en Pereira y el camino hacia la recuperación
La alcaldía de Pereira ha reportado que 66 edificios han colapsado. En un recorrido, se observan numerosas estructuras dañadas, más allá de aquellas que cayeron. La autoridad local ha comenzado un censo de “caracterización psicosocial” para coordinar la asistencia a los damnificados, y ante la magnitud del daño, están solicitando materiales de construcción.
Al caer la noche, pequeñas fogatas se observan a unas cuadras del centro. Esto no se debe a las bajas temperaturas, que son sofocantes durante el día, sino a la falta de gas, ya que cuatro días después del terremoto, muchos encienden fuego al borde de la vereda para cocinar.
Una comunidad resiliente ante la adversidad
A tan solo diez cuadras de donde se han instalado improvisadas carpas se encuentra la “zona rosa” de Pereira, la Avenida Circunvalar, conocida por sus elegantes restaurantes, pubs y centros comerciales, que también resultaron devastados por el sismo.
Los comerciantes expresan su tristeza por las pérdidas totales, pero también mantienen la esperanza. “Hay mucha esperanza, Pereira es muy resiliente. Esta ciudad se ha construido con el empuje de sus ciudadanos. Se educa a la gente con esta historia, con la lógica de hacer rifas, bingos. Con bingos se construyeron colegios, el aeropuerto internacional. Somos una ciudad de mucho empuje”, subraya Fabián Contreras, chef directivo de la firma Cocinando Sonrisas, que tiene tres restaurantes en la avenida, siendo el primero uno de los más afectados, con un 80% de la estructura destrozada.
Justo enfrente, se halla la disco más concurrida de la ciudad: “Las Primaveras de Yuri”. Camilo Rivera, quien fue DJ hasta el último domingo, ahora se encuentra sacando los restos que pudieron sobrevivir. “Siento una tristeza fatal. Se me entrecorta la voz, era nuestro sueño. No podemos volver a este local, cuando la semana pasada cumplimos 13 años. Desaparecimos en cuestión de segundos”, narra Camilo con amargura. Sin embargo, también deja un mensaje alentador: “Para los que hoy lo perdimos todo, hay que tener mucha paciencia, porque nos vamos a levantar. Nos vamos a volver a recuperar”.











